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Carta del editorAl recibir la propuesta de la profesora Yolanda Polo de tomar el relevo, como editor de la Revista Española de Investigación de Marketing ESIC (REIM), me surgieron sensaciones diferentes. Por un lado, un sentimiento de sincero agradecimiento en primer lugar hacia ella, pero también hacia los compañeros y personas que han propiciado esta oferta. Por otro lado, un sentimiento de gran responsabilidad al recoger el testigo de un proyecto –de una realidad– que ha tenido una trayectoria ejemplar que debe mantener y, si fuese posible, entre todos mejorar. Como la nobleza, esta confianza obliga. Por ello, y a pesar de las tareas y responsabilidades ya asumidas en otros ámbitos, entiendo que dentro del compromiso universitario uno se debe implicar, para evitar la duda de no haber hecho lo suficiente. En tanto que investigadores tenemos la responsabilidad de generar, transmitir, debatir, y compartir el resultado de nuestro esfuerzo, y avanzar en el conocimiento para lograr una sociedad mejor. Ahora, la implantación de un Espacio Europeo de Educación Superior y de un Espacio Europeo de Investigación, por ejemplo, supone retos importantes para la educación, el aprendizaje, la investigación o la transferencia de conocimientos. Junto a esto, los procesos de evaluación de la calidad de centros, de titulaciones, de la producción científica o de los medios de transmisión de dicha producción son algo cada vez más habitual. Una manera de evaluar la calidad de la investigación, que rotundamente no debiera ser la única, es la publicación en forma de artículos. Una vía para evaluar la calidad de esos artículos, que tampoco debiera ser exclusiva, es la valoración del medio en el que aparecen. Aunque sea una simplificación, un buen medio ya otorga marchamo de calidad. Sin embargo, un investigador que quiera publicar un trabajo académico de marketing, no tiene prácticamente ninguna posibilidad de hacerlo en nuestro país en una revista académica especializada y que aparezca incluida en la categoría superior de ranking, elaborados por diferentes vías oficiales o no. Así, no podría optar a una categoría pongamos tipo A, en ocasiones solamente puede optar a categorías C o D. Eso sí, en su pretensión de acceder a un nivel superior, y a priori a una mejor valoración de su trabajo, tendría para elegir entre diferentes revistas cuya línea editorial tengan más que ver con la historia económica, con diferentes ramas de la economía, de la sociología u otras, salvando la pequeña o gran distancia que eso suponga desde el punto de vista de la línea editorial. Esta es una situación normal en áreas emergentes que no tendría muchas consecuencias si no fuera porque esa limitación de las posibilidades se traduce, automáticamente, en limitación de oportunidades del reconocimiento de la investigación que se realiza. Y esto a su vez condiciona promoción, remuneración o prestigio profesional. Por todo esto, y otros argumentos que podrían esgrimirse, la REIM constituye un vehículo importante, pertinente y a potenciar. Es fundamental disponer de un medio de publicación bien valorado, obviamente esto implica un desafío y un compromiso necesario con la calidad de la misma por parte de todos: investigadores, editores, revisores y demás público interesado. En este sentido la REIM ha hecho un esfuerzo magnífico por alcanzar el reconocimiento y lo está consiguiendo. Pero aún en determinados ranking se aprecia una descompensación entre el rigor y el procedimiento de calidad establecido por la Revista, incluido el proceso de evaluación, y el reconocimiento dispensado por el momento. Seguramente es una cuestión de obligado desfase, básicamente por la juventud de la revista, que debiera solventarse a corto plazo e, insisto, con el esfuerzo de todos. Para mejorar en este reconocimiento, entre los objetivos que, entiendo, se vienen persiguiendo, sería deseable intentar ampliar la difusión de la revista a otros países, en particular aquellos en los que la lengua no suponga una barrera y en los que podría aspirar a ser un referente en nuestro campo, y llegar a entidades públicas (universidades, centros de investigación) y privadas (organismos empresariales, organizadores de consumidores, administración pública o empresas). En cuanto a objetivos más específicos como editor se debiera trabajar en los siguientes:
Para conseguir estos objetivos es necesaria la colaboración de autores, lectores, revisores o editores. El esfuerzo de todos es una inversión para contar en el futuro con una publicación de máxima consideración. Los cimientos son sólidos. Me daría por muy satisfecho si cuando deje de ser editor, se tiene una opinión de mi trabajo semejante a la que yo tengo de los profesores que me han precedido, José Luís Munuera y Yolanda Polo. A ellos quiero expresar mi agradecimiento por su legado, también deseo extender este agradecimiento a los integrantes del Consejo Editorial y a ESIC. Al mismo tiempo a todos ellos y a todos los revisores y compañeros, sean autores, lectores o estén vinculados con la Revista, les solicito su apoyo, su colaboración y sus sugerencias para conseguir estos objetivos que seguro compartimos. Gracias por anticipado. Teodoro Luque. |