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Rubens: laboratorio de ideas

Rubens: laboratorio de ideas

25.08.2018

Rubens: laboratorio de ideas

La exposición “Rubens, pintor de bocetos” revela para el gran público el intenso proceso creativo que precede a la ejecución de sus grandes obras de arte.

Hace siete años, con ocasión de la exposición “Todo Rubens” publiqué en esta misma tribuna un artículo en el que analizaba desde la óptica del coaching la relación de Rubens con su taller y con otros pintores para los que fue ejemplo. De nuevo, una exposición sobre Rubens en el Museo del Prado nos permite extraer lecciones de interés para todo profesional que busque la excelencia en cualquiera que sea su ámbito de actividad. Ahora son los bocetos de Rubens los que ofrecen una ventana sobre su proceso creativo. Este es en otros genios, una caja negra, opaca, impenetrable, en la que se esconden los ingredientes y mecanismos secretos que sólo podemos inferir del producto final. Rubens, según se desprende de esta exposición, fue un genio más generoso de lo habitual, a juzgar por la cantidad de bocetos que nos ha legado: unos 400, cerca de un tercio de su producción autógrafa. En números absolutos y relativos, mucho más que cualquier otro contemporáneo suyo.


En primer lugar, esto revela la importancia que tuvo para él la preparación de sus obras, lejos de la improvisación que a menudo imaginamos parte fundamental del proceso creativo de los genios. Rubens utilizó el boceto de intensamente, para ayudarse a desarrollar ideas y para descartar soluciones: de algunos de sus cuadros finales conservamos más de un boceto, con los que a veces explora alternativas y en otros casos concreta soluciones. Lo más llamativo es que, en una época en que pigmentos y soportes eran materiales costosos, Rubens no realizó sus bocetos en forma de dibujos sobre papel, sino al óleo sobre tabla. Eso revela que deseaba ir más lejos que sus colegas en la aproximación de la idea primera al resultado final, y posiblemente también que deseaba que sus bocetos fueran más duraderos, como de hecho prueba el enorme número conservado. Además de utilizar los bocetos como borradores visuales en los que apoyar un proceso creativo esencialmente mental, Rubens los empleó como herramienta de comunicación. En primer lugar, con sus clientes, a cuya aprobación sometía esa categoría especial de boceto denominada “modelo de presentación”. Pero también con sus colaboradores, a los que comunicaba visualmente el diseño de la obra que aquellos debían desarrollar. Aquí se advierte perfectamente que los bocetos se ajustan exactamente a las capacidades de cada colaborador, existiendo grandes diferencias entre los que apuntan someramente grandes líneas compositivas que un colaborador de confianza interpretaría con acierto, y aquellos en los que el grado de precisión en forma y color es muy alto por exigirse del colaborador sólo un fiel traslado de la idea madura del maestro a una escala mayor.

El boceto en Rubens es también herramienta de planificación y control, puesto que en el caso de grandes conjuntos que exigen la participación de un amplio número de colaboradores, los bocetos facilitan el reparto de tareas y la comprobación del cumplimiento de lo encomendado. En la exposición brillan particularmente dos conjuntos. El primero, el de los bocetos para cartones para tapices, porque implican como mínimo dos pasos previos a la ejecución de la obra final, y a menudo tres: un boceto que Rubens emplea como borrador de sus propias ideas compositivas, otro que sirve de modelo para el colaborador que debe trasladarlo al cartón, y el cartón que servirá de modelo para un trabajador de la fábrica de tapices al que todo debe dársele hecho. El segundo conjunto deslumbrante es el de los bocetos para la Torre de la Parada: bocetos cuya enorme precisión no es función inversa de la pericia de los colaboradores (todos ellos, por lo demás, excelentes), sino la necesaria garantía de que una serie tan amplia y ejecutada por tantas manos resultaría tan homogénea en estilo y en calidad como si toda ella hubiera surgido del pincel del mismo Rubens.

Por David Ruiz Eguía

Director de Urbs Regia Gestión Cultural, S.L.