Fast content: consumo rápido y sin remedio

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Se podría decir que el estribillo del último éxito de reguetón clásico Vivo rápido y no tengo cura de la cantante Rosalía con J. Balvin y El Guincho representa el verdadero santo y seña de nuestro vertiginoso estilo de vida moderno.

El poeta Virgilio ya lo intuyó y no pudo expresarlo de manera más contundente: “Tempus fugit”. Con ello, supuestamente querría decir que el tiempo siempre está a la fuga, que nunca es suficiente, y esto, que también es así en la actualidad, nos obliga a ir cada vez más rápido.

Esta falta de tiempo es la que nos trae a todos a maltraer. Larry Dossey, médico estadounidense, ya hablaba a principios de los 80 de la “enfermedad del tiempo”, que se manifiesta en la lucha contrarreloj con la que nos batimos a diario para realizar muchas de nuestras actividades cotidianas.

Precisamente, esta premura del tiempo y la velocidad a la que todo sucede parecen haberse aliado para parir el nuevo concepto de lo fast, una filosofía que pone el foco en hacer todo deprisa y concentrarse en ello sin tiempo que perder. En efecto, hacerlo todo más rápido permite hacer más cosas en menos tiempo, y además los mercados que exigen inmediatez parece que así lo demandan. Pero también tiene su contrapunto: perder la perspectiva del trabajo reposado y realizado a conciencia.

No obstante, la frase atribuida al malogrado piloto canadiense Gilles Villeneuve “Si todo parece bajo control, es que no vas suficientemente rápido” vuelve a inclinar la balanza otra vez hacia las ventajas de la rapidez.

La rapidez se ha instalado en no pocos sectores de actividad, desde la comida (fast food) hasta la moda (fast fashion), y ha llegado también a los contenidos (fast content). Precisamente, en este último concepto es donde quiero detenerme aunque esto de pararse no esté muy bien visto.

El consumo rápido de contenidos parece imparable. Se consume al menos a la misma velocidad con la que sus generadores los crean. La cuestión que inevitablemente surge en este nuevo paradigma es la calidad que se les supone a dichos contenidos o, siguiendo al piloto Villeneuve, si la pérdida del control sobre ellos compensa la velocidad a la que se crean.

3 tips para llegar de manera rápida y certera a tus lectores

Ahora bien, si tenemos en cuenta que cualquier contenido tiene como objetivo principal captar la atención de alguien que también va a toda prisa, es necesario, a menos que queramos morir en el intento y pasar desapercibidos, considerar las siguientes premisas para llegar de manera rápida y certera a estos espectadores:

  • En primer lugar, es necesario simplificar los contenidos, es decir, buscar ante todo la capacidad de sintetizar los mensajes. Aquí el viejo aforismo “menos es más” nunca estuvo tan bien traído. El uso de plataformas tecnológicas lo facilita enormemente. Por poner solo un ejemplo, Instagram Stories permite publicar contenido muy volátil pero con capacidad para impresionar y a la vez entretener, sin la necesidad de pecar de un exceso de contenido.
  • En segundo lugar, y teniendo en cuenta que los intervalos de tiempo que a lo largo del día dedicamos al consumo de contenidos son por lo general muy reducidos, para llegar de manera eficaz a los usuarios, es necesario aportar creatividad e innovación a los contenidos, ya sean estos de vídeo, de imagen, de voz o de datos. Esta creatividad debe aportar frescura a los mensajes y una gran carga de espontaneidad que capte la atención y el engagement del público objetivo.
  • En tercer lugar, hay que precisar el momento de su difusión. Existen innumerables estudios empíricos que determinan la hora, el minuto y hasta el segundo adecuado para el envío del mensaje en función de la plataforma, el tipo de contenido y el público. Esperar y subirse a la ola de la tendencia o de la última noticia, acciones que hace algunos años alguien ya bautizó con los ocurrentes nombres de trendjacking o newsjacking, se refieren precisamente a esperar el momento adecuado para capitalizar el mensaje corporativo y que cuelgue de la tendencia más actual o de la mejor percha informativa.

Seguro que dejamos fuera otras premisas no menos importantes, como la cercanía y la credibilidad de la fuente emisora o las características del propio sujeto consumidor y sus intereses, pero lo que está claro es que la rapidez sigue su curso y corre que se las pela.

El tiempo necesario para desencadenar el proceso cognitivo de la publicidad en un entorno móvil es extremadamente veloz. Tan solo necesitamos 0,4 segundos para reconocer un anuncio publicitario.

Para concluir con algo que juega a favor de su posible eficacia, el fast content viene de la mano de una innovadora investigación científica en neurociencia realizada por la Mobile Marketing Association, que señala que el tiempo necesario para desencadenar el proceso cognitivo de la publicidad en un entorno móvil es extremadamente veloz. En concreto, tan solo necesitamos 0,4 segundos para reconocer un anuncio publicitario. Será que aprendemos rápido o que estamos muy bien entrenados en el asunto.

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