Las personas: ¿problema o desafío?

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“Para ayudar a otros a ir en la dirección correcta, primero debemos ir nosotros en esa dirección”. Sri Chinmoy

¡Felicítame!: el mes pasado me nombraron jefe del departamento. Sí, todo oficial y con una pequeña ceremonia. Nada aparatoso, pero estuvo bien.

No he querido contártelo hasta que no he podido plantearme metas retadoras, objetivos ambiciosos y hacer planes para que todo funcione. Ahora soy el jefe o, si lo prefieres más modernillo, el responsable de que todo eso suceda.

Yo, de natural, soy optimista además de aficionado, casi adicto, a las charlas TED de positivismo acelerado. Reconozco que insuflan energía para trabajar con la gente. Porque claro, ser responsable de que todo suceda implica hacer que el equipo vaya en esa dirección.

Fácil no es, te lo confieso. Las dos primeras semanas fueron de llegar, situarse y ver la dinámica que había. Me hubiera gustado entrar allí diciendo “nosotros podemos”, “nada es imposible” y expresiones motivadoras parecidas, pero aquí yo soy el nuevo y ellos llevan ya bastante tiempo. Creo que cuando has de dirigir a un equipo, una entrada brusca y de relumbrón no ayuda mucho. Hay que ser modestos hasta en los inicios.

Pero te sigo contando: tengo treinta personas a mi cargo. No son muchas, aunque sí suficientes para que haya perfiles de todo tipo.  Si me permites, mi low profile de entrada me permitió observar lo siguiente:

  • Había unos cuantos que veían su trabajo únicamente como un medio, y no el más agradable, de conseguir los recursos para su existencia. Te puedes imaginar si les entro con aquello de la búsqueda de la excelencia y de la felicidad en el trabajo, ¿cuál hubiera sido su respuesta? Probablemente que ellos encontrarían ambas muy lejos de allí.
  • También existía un grupo que era cumplidor con su trabajo. Exageraría si te dijera que estaban entusiasmados con lo que hacían. Lo hacían correctamente, pero entusiasmados no se los veía. Cumplían, eran respetuosos con las normas, pero su cara se iluminaba cuando llegaba la hora de salir. Los viernes a mediodía eran su momento preferido.
  • Finalmente, observé que un tercer grupo sí disfrutaba con su trabajo. No veían en él problemas sino retos. No es que echaran más horas, pues tenían su vida personal, pero se veía vocación en lo que hacían. Se les iluminaban los ojos cuando dominaban algo que se les resistía. No eran mayoría, pero ahí estaban.

Inicialmente, yo iba con aquello de “todos a una” y cosas parecidas. Pero, como puedes suponer, la realidad me obligó a abandonar el management motivador de brocha gorda y bajar a la arena del matiz, porque claro:

  • ¿Cómo motivas a alguien que ve el trabajo solo como una fuente de recursos? ¿Puedes motivarlo? Seguro que sí, pero su sensibilidad a las proclamas de la autoayuda empresarial es escasa. Hay que ser pragmático y prosaico con ellos. Se lo merecen.
  • ¿Y con aquellos que tienen un trabajo, que no un oficio, con el que cumplir? Te puedo asegurar que su motivación no les vendrá de que les des más responsabilidades. En cambio, sí agradecen que se les facilite el trabajo que hacen. Y, por qué no, unas pinceladas de lo que hoy llamamos salario emocional en formato de tiempo libre y flexibilidad.
  • Finalmente, ¿qué puedes hacer con aquellos cuyo trabajo es su oficio y le echan vocación y no solo esfuerzo? Este grupo no desprecia lo que has podido hacer con los dos grupos anteriores. Pero sus integrantes agradecen, sobre todo, el reconocimiento de sus logros y dedicación, el aumento de su autonomía y responsabilidades y, por supuesto, las posibilidades de desarrollo y crecimiento.

Pautas a seguir para dirigir a las personas

Como ves, dirigir bien a las personas no es sencillo, pero sí hay pautas que pueden ayudar a hacerlo mejor. A saber:

  1. A los del trabajo como fuente de recursos proporciónales oportunidades que les permitan obtenerlos. Ahí radica su motivación. No te compliques con maniobras de despiste. Ellos lo tienen claro; espero que tú también.
  2. Para los que el trabajo es eso, trabajo, procúrales los medios para que lo realicen lo mejor posible. Facilita y no entorpezcas, pero tampoco te desfondes con charlas de autoayuda posibilista y profecías autocumplidas. Cumplen, que no es poco.
  3. ¡Ah!, no te olvides del último grupo. Este es en el que has de apoyarte a la hora de asumir nuevos retos y lograr tus metas. La autonomía, las responsabilidades y el desarrollo de su potencial son tus mejores armas con ellos. Utilízalas; no las desperdicies.

Conclusión: sé versátil, dirige tus habilidades y racionaliza tus recursos en función del colectivo que tengas delante.

Ya lo sé, lo que te he contado no da para una charla TED y, además, le falta el glamur de la autoayuda, pero es más realista y eficiente.

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