¿Qué esconde Facebook sobre el Brexit?

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¿Podremos volver a celebrar en algún momento elecciones libres y justas?”. La periodista de The Guardian, Carole Cadwalladr, planteó esta cuestión durante la ponencia que ofreció en el congreso TED2019, celebrado en Vancouver. A finales de 2016, inició una investigación que consiguió destapar el escándalo de Cambridge Analytica. Su reportaje, publicado también en The New York Times, fue finalista al Premio Pulitzer 2019.

“Tras conocer la victoria del Brexit en el referéndum que se celebró en Reino Unido en junio de 2016, mi jefe me pidió que viajase hasta Ebbw Vale, un pequeño pueblo situado en el sur de Gales, para escribir un reportaje sobre por qué esta localidad tenía uno de los índices más elevados del país a favor de la salida de la Unión Europea… A pesar de recibir millones de dólares de la UE para la financiación de proyectos locales, el 62% de los habitantes había votado sí al Brexit. ¿Por qué?”.

Cadwalladr descubrió que los vecinos se habían dejado influir por “informaciones vistas en Facebook que, objetivamente, no se correspondían con la realidad, y que la plataforma había eliminado en su totalidad”.

Lo que ocurre en Facebook, permanece en Facebook

“El referéndum europeo tendrá un efecto tremendo en Reino Unido a largo plazo, y tenemos que reconocer que se ha desarrollado en un entorno completamente oscuro. Las personas ven en esta plataforma noticias que después desaparecen, haciendo que sea imposible investigar sobre ellas».

No sabemos quién vio la información manipulada, ni el impacto que tuvo sobre ellos, ni los datos que se utilizaron para localizarles… Tampoco tenemos idea de quién puso los anuncios, cuánto dinero se gastó, ni de qué país procedía. Esa información únicamente la tiene Facebook, pero se niega a dárnosla. El Parlamento británico ha pedido explicaciones en múltiples ocasiones y Mark Zuckerberg no quiere darlas. Este gran líder tecnológico está incumpliendo las leyes británicas, puesto que en nuestro país la cantidad de dinero que se puede invertir en un proceso electoral está limitada para evitar la compra de votos. Pero el referéndum se fraguó básicamente online, y Facebook permite gastar la cantidad que quieras sin que nadie externo llegue nunca a saberlo.

Esta plataforma funciona como una caja negra que utiliza algoritmos secretos que dictan su comportamiento.

Del Brexit a Trump

El millonario británico Arron Banks y el ex líder del UKIP, Nigel Farage, fueron los principales instigadores de la campaña que promovía las virtudes de la salida.

Banks había fundado “Leave.EU”, una de las principales organizaciones que hicieron campaña no oficial a favor del divorcio con una aportación de 8 millones de libras. Actualmente se está investigando la procedencia de ese dinero, al igual que las conexiones de estas dos personas con Rusia y la derecha radical en Estados Unidos, puesto que todo apunta a que el referéndum británico ha sido el campo de ensayo de una estrategia que más tarde se volcó en aupar a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Las dos campañas cuentan con las mismas compañías, personas, datos, técnicas, y utilizan el miedo y el odio para difundirlos en las redes sociales de forma continuada.

Yo descubrí la conexión entre Farage y Trump a través de la agencia de marketing electoral Cambridge Analytica, obligada a cerrar tras el escándalo por el uso de datos privados procedentes de Facebook. Fundada por el ultraderechista americano Steve Bannon, la empresa recibió dinero del multimillonario Robert Mercer, principal donante individual en la campaña de Trump.

Un ex empleado de la compañía me confesó que la agencia había trabajado para las dos causas, y que se habían creado perfiles falsos en Facebook desde una perspectiva política, para entender los miedos individuales de los usuarios y así poder enviarles información específica.

La democracia no está garantizada

La tecnología que han inventado los “dioses de Silicon Valley”, como Mark Zuckerberg, es sorprendente, pero también sirve para cometer crímenes, tal y como están demostrando las investigaciones. La democracia está rota. Ya no es suficiente con que los responsables de las plataformas tecnológicas aseguren que harán las cosas bien en el futuro, porque para tener alguna esperanza de que este tipo de acciones no vuelvan a ocurrir necesitamos conocer la verdad.

La democracia no está garantizada, ni es algo que existirá de forma inevitable. Tenemos que luchar y ganar, evitar que las tecnológicas continúen sin ser reguladas.

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Adaptación del artículo publicado en la sección “Innovative Knowledge by ESIC”, de la revista Executive Excellence.

Carole Cadwalladr, periodista, investigadora y finalista del Premio Pulitzer 2019.

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