Tipos de CEO en función de su sensibilidad por la comunicación

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Existen directores de comunicación que tienen mucha suerte y otros que viven en un sinvivir, en un estado de angustia permanente. La razón no es otra que la personalidad de su CEO o director general, de quien dependen orgánicamente.

4 tipos de CEO

No hay CEO cortados por el mismo patrón; cada uno es diferente. Vamos a tratar de establecer a continuación una tipología, en función de su actitud y sensibilidad hacia el área de comunicación de una empresa.

1. El CEO líder integral

Comenzamos por el perfil más completo de todos cuantos existen. Los directores de este departamento trabajarán encantados con este perfil de jefe, porque está absolutamente convencido de las enormes ventajas de implementar medidas en materia de comunicación que permitan a la compañía alcanzar altos niveles de excelencia. Pero su actitud ante la gestión de las herramientas de comunicación en la empresa es proactiva. No solo facilita al dircom desarrollar su trabajo, sino que participa de él, inquiere detalles e información sobre las políticas aplicadas y, en definitiva, mantiene una actitud positiva en torno a esta materia. Su personalidad va más allá de esta colaboración estrecha con el dircom. Él mismo es un líder y ejerce como tal, con dominio absoluto de las habilidades de comunicación en todo tipo de foros. Se mueve con soltura en ellos, pero al mismo tiempo atiende y confía en su director de comunicación y en las estrategias establecidas por este, consensuadas con su propia opinión.

2. El CEO colaborador

Este segundo perfil de máximo responsable de una compañía no entiende de comunicación, pero confía en su director de departamento, le apoya, le deja hacer y defiende su trabajo. Es consciente de la importancia de la comunicación en una empresa, pero reconoce sus limitaciones y competencias y prefiere delegar esta materia en su más inmediato colaborador. Al no dominar las habilidades de comunicación, se deja asesorar y marcar por el dircom en sus comparecencias públicas y dedica tiempo a despachar con él, pero sin entrometerse en sus decisiones, salvo aquellas que afectan directamente al sentido común o a los números de la compañía. Al mismo tiempo, es exigente porque el precio de su confianza así lo entiende: debe conducir al éxito de las medidas implementadas. No obstante, resulta cómodo trabajar con él porque el director de comunicación se siente respaldado y considerado, dos elementos primordiales que sin duda consolidan su motivación.

3. El CEO atrevido

El tercer perfil de máximo responsable de la compañía en relación con el papel que impulsa en el área de comunicación es el de un ignorante en la materia pero, a diferencia del caso anterior, su desconocimiento se manifiesta en atrevimiento. La injerencia en la labor del dircom es permanente. Concede la confianza justa al responsable de este departamento y marca su camino. Rebate constantemente sus medidas y su competencia, apoyado solo en su intuición, e impone in extremis, sin ningún rubor, sus decisiones.

El dircom no puede ejercer porque se encuentra maniatado por un visionario sin base alguna de conocimientos en comunicación. Su trabajo, pues, resulta incómodo. Por supuesto, este CEO, en sus comparecencias públicas, no se deja aconsejar y menos aún marcar, más allá de las políticas coincidentes con su manera de pensar. Con este perfil, solo pueden trabajar profesionales de la comunicación conformistas, dispuestos a aceptar las reglas del juego sin protestar. Evidentemente, la eficacia de la gestión de este modelo impuesto dependerá, en muchos casos, de la suerte, puesto que la ignorancia del CEO le hace moverse en este escenario.

4. El CEO desentendido

En este cuarto perfil, el CEO tiene un departamento de comunicación como quien tiene uno de servicios generales, con todos mis respetos hacia este último. Pero no son comparables. Por supuesto, su ubicación en el organigrama denota ya un papel secundario en la compañía, relegado a coordinar la relación con los medios, siempre bajo su supervisión, y a elaborar y alimentar la intranet de la compañía sin más aspiraciones. Es posible incluso que orgánicamente se le incluya dentro del departamento de marketing como un redactor sénior. Este CEO desconoce por completo las bondades de la comunicación, porque no concede a esta materia ningún valor para la compañía. Es más, recorta gastos de este departamento de manera constante, poniendo en tela de juicio sus objetivos, situados bajo mínimos. El responsable del departamento de comunicación de las empresas dirigidas por este perfil de CEO no puede llamarse «director de comunicación», porque no dirige un departamento; solo lo coordina o lo administra. Responde a un modelo caduco y superado hoy día (afortunadamente).

El CEO es, en cualquier caso, quien establece la importancia y el desarrollo de un departamento de comunicación. Es complicado que el director de comunicación le convenza de las bondades de un plan de comunicación y de su seguimiento si a él no le han formado previamente en esta disciplina.

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