La crisis de la enfermedad covid-19: entre gurús de medio pelo, sabiduría china y refranero resultón

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«Si un cambio de gafas te mejora la vista, un cambio de pensamiento te mejorará la vida», S. Jobs

Me gustaría comenzar con un titular dramático parecido a «la crisis de la enfermedad covid-19 y la debacle de las organizaciones», que conste que ya me gustaría. Pero ni se me da bien el drama ni me gusta ponerme apocalíptico y, seguidamente, y en plan épico vender soluciones «mágicas» para el tema que nos ocupa y preocupa actualmente.

También te aseguro que querría ponerme en plan TED, es decir, con frasecitas propias de gurús que, con aire resolutivo y con tono de haber descubierto la rueda, te sueltan aquello de que en chino crisis quiere decir oportunidad. Sin renunciar a la sabiduría de dicha cultura y a la resolución que manifiestan esos gurús psicodélicos, prefiero algo más modesto y próximo, como ese refrán tan nuestro de «cuando una puerta se cierra, se abre una ventana».

¿Por qué prefiero lo de la ventana? Bien, simplemente diré que es un buen momento, además de una obligación, para abrir nuestras ventanas (las literales y las metafóricas) a nuevas oportunidades de negocio, a nuevas formas de hacer las cosas y, por qué no, a ventilar un poco el anquilosamiento provocado por las vetustas formas de trabajar. No es que no sirvan, no digo eso. Simplemente, constato que no son del todo operativas en situaciones nuevas e imprevistas como la actual.

Alguno, especialmente si vende y vive de la tecnología, dirá que «estamos como estamos» por nuestro atraso tecnológico. Probablemente, en algunos casos sea así; en otros, tal vez se necesite una actualización y, en la mayoría, se tratará más de ponerse a trabajar y a hacer negocios con aquello de lo que se dispone para obtener a corto y medio plazo los resultados deseados. No descarto carencias en el ámbito tecnológico, pero sí destaco que deberíamos poner el foco en la manera actual que tenemos de utilizar la tecnología para hacer negocios, organizar nuestra actividad e interrelaciones profesionales y, finalmente, llevar a cabo con ella nuestro trabajo.

Sin desmerecer el cambio que se precisa realizar en la manera de hacer negocios y en la ejecución de nuestro trabajo, me gustaría centrarme en cómo nos organizamos e interrelacionamos para hacer nuestro trabajo. En este ámbito, y en mi opinión, hay dos aspectos clave que destacar y, si me lo permites, modificar:

1. Por parte de la dirección, la forma de ejercer el poder a través de un ejercicio del control, que prima la presencialidad sobre los resultados y la obediencia sobre la eficiencia.
2. Por parte del empleado, la manera de comprometerse, que prima más el estar (pasar tiempo) que el hacer (ejecutar) y ese mismo hacer más que el lograr (resultados que obtener).

Si te parece bien, voy a comenzar por la forma que predomina en la mayoría de las direcciones de las organizaciones a la hora de ejercer el poder. Sé que me dirás que en tu organización tu jefe es tu colega, que te proporciona unas directrices, y tú, a partir de ahí y con amplia autonomía, te organizas para lograr los resultados a los que te has comprometido. No te voy a discutir que eso sea así en tu caso. Pero estarás de acuerdo conmigo en que hay muchas otras empresas en las que los medios tecnológicos son utilizados por la dirección con más ánimo de controlar lo que haces que de facilitar lo que debes lograr.

No quiero que pienses que estoy en contra del control, que propugno una especie de anarquía en la organización. No es eso; simplemente quiero destacar que el control ha de proporcionar la información necesaria para saber si vamos por el buen camino y darnos la oportunidad de reaccionar ante cualquier desviación indeseada.

Por parte del empleado, sí me gustaría enfatizar la necesidad de organizar su trabajo y utilizar la tecnología focalizando ambas en la consecución de los resultados a los que se ha comprometido. Ya sé que tú te organizas y que procuras siempre que puedes utilizar eficientemente la tecnología que la organización ha puesto a tu disposición. Lo sé. Pero también creo que eres consciente de que muchos empleados organizan su actividad en función de la duración de su jornada y no de los resultados que han de conseguir.

A su vez, no es extraño observar como otros hacen una utilización intensiva de las tecnologías sin que ello se traduzca en resultados. Convendrás conmigo en que demasiadas veces enviamos correos a personas que no van a añadir ningún valor a lo que se pide en ellos, recibimos muchos correos que no leemos y mucho menos contestamos. Finalmente, y para terminar de rematarlo, montamos reuniones en las que se repite ese déjà vu en numerosos temas sin que se lleguen a resolver. Y que conste que no señalo esas reuniones en las que todos están más pendientes de su email y de su móvil que de lo que se está tratando.

Algo que sí me gustaría destacar es que ahora tenemos la oportunidad de superar trabajando online parte de esos enfoques improductivos que padecemos en la interacción presencial. No obstante, sí querría apuntar que las tecnologías y las redes son grandes amplificadores de cómo nos comportamos. Es decir, potenciarán tanto las bondades que seamos capaces de producir como los defectos que podamos provocar.

Yo, y lo digo seriamente, aunque sin épica ni solemnidad, soy muy partidario de ese dicho que reza: «Del tropezón que no se cae, se adelanta terreno».

De ti depende si caes, repitiendo en el ámbito digital los defectos de la presencialidad, o avanzas un gran trecho aprovechando para organizar tu ámbito de responsabilidad y estar preparado para reaccionar a lo inesperado. Ánimo.

 

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