¿Crisis sanitaria?

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Dicen que un buen gestor de una crisis es aquel que la ve venir, se anticipa, planifica su llegada, calcula sus efectos y utiliza adecuadamente los recursos que tiene a su alcance para que el impacto de aquella sea lo más suave posible.

Pero ¿a qué crisis nos enfrentábamos?, ¿a una crisis sanitaria?

Aunque aparentemente la única crisis que teníamos delante era la lucha contra un virus sanitario, las posibles soluciones para combatirlo traían como mínimo otras dos crisis debajo del brazo: una crisis económica, debida al descenso brusco de los ingresos de una gran parte de la población, y una crisis social, por el aumento importante del número de personas que no tienen ingresos para cubrir sus necesidades básicas a corto plazo (alquiler de vivienda, comida, agua, luz…).

Nos hemos familiarizado con diferentes términos al hablar de la crisis sanitaria, como la famosa curva de contagio, que es la gráfica donde vemos la evolución del número de contagiados por el virus cada día. Esta curva, a su vez, se desdobla en otras dos: cuanto más desciende la curva de contagio, más asciende la curva de la crisis económica (los desempleados) y cuando se llegue al pico de esta curva, es cuando comenzará el verdadero ascenso de la curva de la crisis social (las personas que no pueden cubrir sus propias necesidades, ni siquiera la alimentación).

La famosa N, que es el índice de personas a las que contagia un paciente con COVID-19, en la crisis económica sería el número de puestos de trabajo que se destruyen cada vez que se cierra un negocio y en la crisis social correspondería al número de personas que dependían de los ingresos de aquel que se ha quedado sin trabajo.

¿Cuáles son los test más adecuados para conocer el nivel de contagio de la población? En la crisis sanitaria, por un lado, tenemos los test rápidos, que en 15 minutos te dicen si estás contagiado o no, pero tienen un índice de error bastante más alto que otros. El test rápido de la economía sería la encuesta de población activa (número de parados) y el test rápido en la crisis social no es tan fácil de calcular, pero podríamos utilizar el número de personas que pide ayuda a las entidades de caridad (comedores sociales, Cruz Roja…).

Los PCR son una prueba más precisa que los test rápidos, porque detectan el material genético del virus (ARN) y no la proteína que envuelve al virus como en los test rápidos (esta proteína tarda dos días en generarse desde que estas infectado; de ahí el margen de error).

Los PCR en la economía equivaldrían a las encuestas realizadas a empresarios y autónomos acerca de sus planes de despedir empleados o cerrar negocios a medio plazo, y en el caso de la crisis social sería la cifra de morosidad en el pago de los recibos de servicios esenciales (alquiler de vivienda, agua, luz).

Pero ¿nos enfrentamos a alguna crisis más?

En mi opinión, tenemos encima de la mesa dos crisis más (si definimos crisis como «problema importante de alto impacto en la población»):

Crisis de confianza:

En una encuesta reciente elaborada en Rusia, el alcalde de Moscú sube en popularidad y el presidente del país baja. Moscú es la ciudad mas castigada de Rusia por la enfermedad COVID-19; el alcalde es la persona encargada de dar las malas noticias de contagios y muertes de su ciudad. Es la persona que comunica las duras medidas de confinamiento y hace predicciones no demasiado optimistas acerca de la evolución de la pandemia. En cambio, el presidente del país comunica las ayudas existentes para la población; es optimista respecto a la evolución de la crisis y a los tiempos necesarios para salir de ella.

Entonces, ¿qué está pasando? El alcalde transmite mas confianza que el presidente. Los ciudadanos queremos lideres confiables, cercanos, transparentes y que digan la verdad aunque a veces no nos guste.

Crisis de estado de ánimo:

Esta crisis está relacionada con la anterior. Las personas llevamos bastante mal las fases de caída y gestionamos mucho mejor las fases ascendentes. Para ello, es muy importante la gestión de las expectativas. Si cuando pedimos un paquete por Internet, nos dicen que el plazo de entrega es un mes y el paquete llega en 20 días, decimos «¡estupendo!» cuando lo recibimos. En cambio, si nos dicen que el paquete llegará dentro de 24 horas pero tarda 48 horas en llegar, nos quejaremos del mal servicio nos están dando.

Necesitamos saber que cada día que pasa es un día menos para salir de todo esto y además que ha merecido la pena el esfuerzo realizado con todas las medidas impuestas. Y para ello la comunicación transparente, real y entendible es fundamental. La gestión de expectativas sí importa, porque afecta mucho al estado de ánimo, y algunos expertos en economía dicen que una de sus claves es el estado de ánimo.

Además, debemos tener en cuenta que el estado de ánimo es fundamental para que el sistema inmunitario de nuestro organismo funcione mejor, pues es clave para vencer al coronavirus.

Entonces vemos que las cinco crisis están relacionadas entre sí. Por eso necesitamos gestores de crisis integrales.

¿Qué es un gestor integral de crisis?

Ahora necesitamos gestores de crisis que consideren todas las crisis que tienen encima de la mesa y que, como un malabarista que hace equilibrios con platillos y palillos, sean capaces de mantener todos los platillos moviéndose a la vez sin que ninguno se caiga. Esos son los gestores integrales de crisis.

Voy a intentar explicar con un ejemplo la diferencia entre un gestor integral de crisis y la suma de tres gestores (de la crisis sanitaria + la crisis económica + la crisis social) que trabajan en equipo.

Con tres gestores que trabajan en equipo, el de la crisis sanitaria plantea medidas de confinamiento para evitar el contagio, el de la crisis económica propone medidas de ayuda económica a las empresas como los ERTE y el de la crisis social ofrece ayudas económicas de renta mínima para que las familias reciban ingresos y puedan comprar comida).

Un gestor integral propone comprarles a los restaurantes de cada barrio X comidas con reparto a domicilio (evitando así la pérdida de puestos de trabajo en esos restaurantes) para ayudar a las personas desfavorecidas socialmente, que así no tienen que moverse de su casa y evitan el contacto con otras personas en la calle.

El gestor integral intenta, con cada decisión, mitigar los efectos de cada una de las crisis que maneja.

 

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