Ética, valores
y Responsabilidad
Social
Ethics, Values
And Social
Responsibility
aDResearch ESIC
Nº 6 Vol 6 · Segundo semestre, julio-diciembre 2012  Págs. 32 a 51
Benavides, J. (2012). Ética, valores y Responsabilidad
Social. Revista Internacional de Investigacn en
Comunicación aDResearch ESIC. 6 Vol 6. Segundo
semestre, julio-diciembre 2012. Págs. 32 a 51
DOI: 10.7263/ADR.RSC.006.02
Juan Benavides Delgado
Universidad Complutense de Madrid
juanbenavides@ccinf.ucm.es
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This article is about the lack of denition the term of CSR has when its
meaning works connected today with a Value Concept and an Ethic Notion.
It pretends to be an introduction framework to clarify the extent the CSR
and Ethic must have into the context of the enterprise management further
away from the enterprise´s reputation values and its optimum corporate
running.
Este artículo plantea la problemática de indenición que rodea a la Res-
ponsabilidad Social Corporativa cuando se relaciona con el concepto de
valor y la noción de ética. Supone un marco introductorio que aclare el
alcance que la Responsabilidad Social y la ética deben tener en la gestión
de la empresa más allá de sus valores de reputación y buen gobierno cor-
porativo.
ABSTRACT
RESUMEN
Clasicación JEL:
M14
Key words:
Corporate social
responsibility,
values, Ethics,
Corporate Communi-
cation,
Brand.
JEL Classication:
M14
Palabras clave:
Responsabilidad
Social,
Valores, Ética,
Comunicación
empresarial,
Marca.
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Palabras preliminares
Cuando se reflexiona sobre la RSE, la responsa-
bilidad de la empresa, su ética y comunicación…
¿realmente de qué se está hablando? ¿Qrela-
ción mantienen los significados de nociones tan
utilizadas como el valor, la gestión ética y los in-
tangibles? ¿Significan lo mismo? Una de las prin-
cipales cuestiones con las que terminaba un re-
ciente artículo era precisamente lo de la nueva
conciencia que parece imponerse en la sociedad a
la hora de hablar de la empresa y la Responsabi-
lidad Social. Y esto de la nueva conciencia tiene
que ver precisamente con el conocimiento de la
ética que comienza a exigirse en esto de la comu-
nicación y gestión empresarial. Pero también es
verdad que las palabras como conciencia circulan
todavía en ese ámbito abstracto de los discursos
y las metáforas que pocos captan o reducen a la
pragmática de la vida cotidiana; pero con todo,
esto ya es importante. Por otro lado, ¿por q inte-
resa hoy la ética? Es ésta una pregunta que tiene
una respuesta inmediata: porque en la actuali-
dad no existe ética en el ámbito de la vida bli-
ca, tampoco se observa en los medios de comu-
nicación social y en el individuo que experimenta
una peligrosa sensación de marasmo e indefini-
ción de los hechos morales. Parece claro que en
estos últimos os se ha llegado en la vida pública
española a una situacn verdaderamente preocu-
pante: un Parlamento donde la mediaa y la par-
titocracia agobia, una justicia cuya politización
provoca nauseas, unos poticos pobretones en
recursos e inteligencia, unos gobiernos más po-
bretones todavía y unos niveles de corrupción
verdaderamente alarmantes Por otro lado, la
ideoloa del mercado por un lado y el fundamen-
talismo del individuo, por otro, conducen al siste-
ma a su propia disolución. ¿mo no va a intere-
sar hablar de ética y de responsabilidad social?
En efecto, creo que a la hora de hablar de ética
y Responsabilidad de las empresas y organiza-
ciones el investigador se debe adentrar en cues-
tiones de naturaleza estructural que persiguen
s explicaciones globales que la descripción de
hechos pasajeros y concretos, que es lo que toda-
a, o al menos de modo habitual, sucede con la
Responsabilidad Social. En efecto, parece que en
esto de la empresa y la comunicación existe toda-
a una tremenda coaccn por lo empírico en su
sentido más burdo, lo que no es bueno a la hora
de buscar explicaciones y establecer hitesis de
trabajo. Son innumerables los artículos, libros,
informes de todo tipo, documentos y declara-
ciones donde la responsabilidad social, la ética y
ahora la sostenibilidad aparecen como concep-
tos indisociables aunque poco definidos. Lo más
curioso es que se citan con la convicción de sa-
ber lo que significan; más todavía, se habla de ellos
con la seguridad de que las personas que leen y
escuchan están del todo de acuerdo con lo que
se esdiciendo. Por otro lado, son muchos los
textos que denuncian el mal hacer de los econo-
mistas, la ambicn de los financieros y el desca-
rrilamiento del modelo de mercado tal y como lo
hemos conocido hasta ahora; descarrile que se
ha debido en parte a la falta de moral de los res-
ponsables políticos y económicos del propio sis-
tema. Y también en esas circunstancias se apela a
la ética y a la responsabilidad de los gestores in-
dividuales, cuyas decisiones determinan el fun-
cionamiento y definen la naturaleza de un sistema
que parece derrumbarse.
La situación es compleja y en cierto modo no
tiene fácil y rápida salida a plazo corto, porque,
en efecto, por un lado se critica un modelo de
mercado y de funcionamiento económico, —sin
plantear alternativas reales más aldel retorno a
una idea ya perdida de los discursos nostálgicos
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sobre el Estado y lo blico—, y, por otro, se ape-
la a la urgente necesidad de que la empresa y el
propio sistema se empape de los nuevos com-
promisos sociales que exigen las actuales circuns-
tancias. Pero cuando se presentan los informes de
sostenibilidad de las organizaciones o se defiende
el comportamiento ético de una determinada
compañía, los significados quedan muy difusos
relaciondose con la sociedad, el medio am-
biente y la necesidad de ser sostenible, pero
poco más. ¿Qsignifica entonces lo ético? ¿Por
qué se relaciona el significado de la ética con la
sostenibilidad o con el medio ambiente, cuando
en realidad estos nuevos conceptos no van más
alde un establecimiento de relaciones y com-
promisos con el entorno, la mayoría de las veces,
abstractos y de difícil concreción? Es cierto que
el debate sobre la RSE es un debate sobre una
determinada visión de la empresa (J.M. Lozano,
2005, p. 58), pero también es un debate que
afecta a toda una forma de comprender las rela-
ciones económicas y el papel que estas deben
tener en las transformaciones sociales que se están
produciendo en la actualidad de forma tan ace-
lerada. Por eso siempre defiendo que este tema
es para la empresa una cuestión mucho más am-
plia y abarcadora, algo estructural no coyuntu-
ral—, que afecta a todo tipo de instituciones y
organizaciones sociales.
El presente artículo se sitúa en el entorno de
estas preocupaciones; y deriva, en buena medida,
de los trabajos realizados en el seno de la Cáte-
dra de Ética Ecomica y Empresarial durante
estos últimos años
1
y en dos últimas investiga-
ciones realizadas en el entorno de la empresa
Anunciante (J. Benavides, et al, 2009). Todos
1 Se pueden consultar todos los trabajos publicados en el enla-
ce de la universidad: http://www.upcomillas.es/centros/cent_cat_
benjum.aspx
estos trabajos me encaminan a delimitar un
poco el ámbito de este debate tan lleno de con-
troversias y paradojas, en el sentido de procurar
delimitar un poco el ámbito teórico y aplicado
que entiendo afecta a estas cuestiones. Este es el
modesto objetivo de este artículo; y lo voy hacer
desde dos grandes apartados: delimitar el lugar
que la responsabilidad social ocupa como pre-
ocupación y concepto en el ámbito de los dis-
cursos sociales y concretar, —si ello es posi-
ble—, la propia noción de la ética que se está en
condiciones de aplicar en cada momento. No
busco la exhaustividad en el tratamiento de los
temas sino tan lo continuar con los intentos de
enmarcar las principales cuestiones. No debe ol-
vidarse que en este tema de la Responsabilidad
Social seguimos estando todavía en las sencillas
introducciones y los modestos planteamientos.
1. ¿ Cuál es el lugar discursivo de
la responsabilidad social?
El debate de la Responsabilidad social procura
definir y entender las posibles formas que tienen
las empresas y organizaciones para afrontar los
nuevos retos que le plantea la sociedad. A lo
expresan muchos autores y estoy de acuerdo;
ahora bien, la cuestión más difícil para es de-
finir el lugar y sobre todo el modo donde aquellas
exigencias están en condiciones de desarrollarse.
Si hacemos un rápido recuento de temas, el pri-
mero de ellos es la globalización y después toda
una serie de nuevos factores derivados y emer-
gentes. Como acertadamente escribe J. L. Fernán-
dez (J. L. Fernández 2011, p. 35): “si acotamos
el alcance temporal y lo circunscribimos a lo que,
a tal respecto, significó el siglo XX cabría decir
que ha habido una serie de factores que empuja-
ron la dimica de la globalizacn hasta el estado
en que hoy se nos ofrece. Serían entre los más
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significativos, los siguientes: la crisis del Estado;
las dos guerras mundiales; la Guerra Fría y el
fracaso del experimento del Socialismo Real”;
y luego también hay que hablar de otros cam-
bios y efectos más concretos (P. Francés, 2006)
como la globalización cultural, la multicultura-
lidad, las TIC, el poder de los medios de comu-
nicación, las crecientes demandas y presencia
activa de los consumidores, la transformación del
papel del Estado y la re-definición de la sociedad
del bienestar, etc.,etc.. Todos estos factores y al-
gunos s determinan el funcionamiento de la
empresa y su expresión en términos de comuni-
cación tanto hacia dentro de ella como hacia fuera
de la sociedad. Y es aquí donde comienza a en-
trar en juego la Responsabilidad Social de las
organizaciones.
Llegados a este punto creo importante recu-
rrir a eso de las metáforas espaciales y tempora-
les, como hace P. Cerezo Galán (2009, p. 5) cuan-
do habla en un magnífico artículo de la nociones
Izquierda y Derecha. En efecto, comienza su tra-
bajo diciendo que “derecha e izquierda forman
un espacio topológico, vinculado a la intuición
originaria del espacio, que luego se ha trans-
puesto metafóricamente al orden religioso y al
ético, y finalmente al político”. Estos esquemas
nos permiten situar con cierta seguridad el donde
y el hacia donde de los discursos sociales que se
generan en estos contextos tan abstractos pero
tan utilizados por el ser humano a lo largo de la
historia de las ideas poticas. Siguiendo con la
reflexión de Cerezo Galán se puede comprender
la topología del espacio político a través de varios
pares de significados que determinan metafóri-
camente el lugar de las ideologías y en definitiva
el contexto generador de los discursos sociales:
simpatía / egotismo, libertad /autoridad y tradi-
ción /utopía. Estos serán los lugares lingüísticos,
—en definitiva, espacios cognitivos—, donde los
discursos de la derecha y la izquierda se ubican
en la medida de sus estructuras significantes,
dando razón de lo que significa ser de derechas
o de izquierdas y que se concretan en afirmacio-
nes como “la derecha cree demasiado en el papel
regulador del mercado, y la izquierda, a su vez,
cree demasiado en el papel integrado del Estado”
(P. Cerezo Galán, 2009, p. 39).
Algo parecido sucede con la categoría Respon-
sabilidad Social y su relación con las compañías
porque también se sitúa en determinados espa-
cios topológicos donde circulan todo un conjun-
to de significados relacionados con un modelo
de empresa, los propios objetivos de la actividad
económica y el papel del sujeto y los grupos so-
ciales. La definición de RSE expresada en el Li-
bro Verde es un buen ejemplo de lo que digo; la
formulación reza como sigue: “integración vo-
luntaria, por parte de las empresas, de las pre-
ocupaciones sociales y medioambientales en sus
operaciones comerciales y sus relaciones con sus
interlocutores”
2
; en esta definición la noción de
voluntariedad ubica y caracteriza la acción social
de la compañía en la intencionalidad de la perso-
na (directivos, consejo de administración, etc.) y
su determinación a la hora de acometer dichas
acciones. Con ello la ética se aleja de un compro-
miso obligatorio más amplio de la organización
respecto a la sociedad y reduce la ética a la inten-
cionalidad de la acción moral de los individuos,
2 Comisión Europea (Bruselas) Libro Verde. Fomentar un Marco
Europeo para la Responsabilidad Social de las Empresas, Luxem-
burgo, 2001, 20. En recientes Informes se subraya este aspecto del
carácter voluntario de la responsabilidad corporativa en el sentido de
que sigue siendo uno de sus valores básicos, donde reside el verda-
dero compromiso de las empresas con la sociedad y, a su vez, donde
la sociedad reconoce la capacidad transformadora de las empresas
(Ver al respecto el Estudio Multisectorial sobre el estado de la Responsa-
bilidad Corporativa de la Gran Empresa en España, Club de Excelencia
en sostenibilidad, Madrid 2009).
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distanciándose los juicios éticos respecto al mo-
delo de empresa y a los objetivos de la actividad
económica. Desde esta perspectiva se cambia ló-
gicamente la dimensión y alcance de la Respon-
sabilidad Social y su discurso esta en condicio-
nes de ser analizado desde enfoques topológicos
diferentes: desde el individuo y la organización,
desde la autorregulación y la regulación o desde
el mercado y el Estado. Parece evidente que con
este enfoque todo recae sobre el individuo, por-
que la organización no es susceptible de obliga-
ción moral, quedando la empresa, como el
propio modelo que la sustenta—, libre de cualquier
juicio moral, lo que supone una cierta contradic-
ción con la afirmación que he apuntado hace
apenas un momento. El campo topológico se si-
a en la oposición de dos conceptos antagóni-
cos: individuo / organización (Ver figuras 1 y 2).
Figura 1 · El enfoque topológico construye
discursos diferentes sobre la ubicación de las
acciones sociales de la empresa
Individuo Organización
Modelo y objetivos
De la empresa
(Teoría de la Agencia)
Modelo y objetivos
de la empresa
(stakeholders)
Voluntariedad Obligatoriedad
Autorregulación Regulación
Mercado Estado
La responsabilidad social
y la ética se centra en
el directivo
La empresa adquiere
compromisos obligados
con la sociedad
Pero si se cambia el enfoque del individuo y se
dirige a la organización, —que es lo que de he-
cho está sucediendo en el ámbito de la sociedad
sin demérito alguno por parte de los responsa-
bles empresariales—, la categoría Responsabilidad
Social estaen condiciones de recibir otras in-
terpretaciones si se la ubica en base a un enfoque
diferente de empresa a partir del modelo de los
stakeholders (R.E. Freeman, 1984), donde la obli-
gatoriedad pod quizá determinar metafórica-
mente la comprensión discursiva del propio con-
cepto, alejándolo de un modelo de empresa que
se mantiene independiente de la obligatoriedad
en determinadas acciones sociales. Y la verdad es
que parece lógico que la voluntariedad haya sido
la más corriente interpretación de la RSE en los
modelos liberales y la llamada Teoa de la Agencia
(S. Ross, 1973, p. 135) que han trabajado casi
exclusivamente sobre la responsabilidad de los
directivos que se dirige exclusivamente al bene-
ficio: no tanto moralidad cuanto responsabili-
dad de cara a los accionistas e inversores, porque
el verdadero compromiso de la empresa, —por
no decir, el único—, es la exclusiva generacn de
beneficios y dividendos. Por eso mismo cuando,
desde este enfoque, las acciones sociales de una
empresa se comunican hacia fuera, —que es lo
habitual—, la sociedad lo entiende casi exclusi-
vamente como una estrategia de imagen, que el
marketing utiliza con fines puramente comercia-
les o de reputación, y no como otra cosa.
Sin embargo, a mi modo de ver el problema
tiene s hondura y más ramificaciones que el
indicado en este primer acercamiento. Esto sig-
nifica que la reflexión debe dirigirse también a la
generación de los propios discursos de la empresa;
porque en efecto, los significados que se deben
asociar a la categoría de la Responsabilidad Social
vienen en principio de fuera de la empresa.
La RS es uno de los llamados intangibles y lo
primero que cabe hacer es observar el contexto
que ocupa en todo este conjunto de los retos so-
ciales, circunstancias y debates que giran en tor-
no a la empresa y las organizaciones en el ámbito
de la crisis. Cabe decir que la Responsabilidad
Social se mueve en determinadas y diferentes
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áreas discursivas que conviene aclarar; son ám-
bitos que se refieren a la construcción lingüística
del problema y probablemente de la propia cate-
goría y que se generan desde la estructura de
significados dados por la oposición individuo/
organización de la que ha hablado líneas arriba.
El primero de estos discursos hace referencia
a los llamados intangibles, cuyo origen no es otro
que el propio imaginario social; es verdad que se
han producido en el mercado espol unos cam-
bios que explican en parte la comunicación de
las empresas en torno a los llamados valores de
diferenciación de las marcas, pero el contenido de
esos valores ha sido dado por la sociedad. A mi
modo de ver los discursos sociales, —expresión
directa de la vida cotidiana de las personas—,
son los que han construido los llamados intangi-
bles (valores) y obligado a la empresa a integrar
esta preocupación en su agenda y en sus mode-
los de gestión. Es cierto que en un principio, la
empresa integra dichos valores en sus modelos
de comunicación y en algunas facetas de su ges-
tión, por ello, se conciben como buenas herra-
mientas retóricas en busca de retorno en térmi-
nos de imagen (por ejemplo, los rankings de
reputación); pero, por lo que se ve, parece que
algunos de estos intangibles, —como el de la Res-
ponsabilidad Social—, son además conceptos
cuya transversalidad apela más a razones estruc-
turales que coyunturales. La RS busca más la
permanencia y el fundamento de la compañía
que la inmediatez y el corto plazo de su comuni-
cación. Por eso mismo ya no valen las exclusivas
razones y objetivos del marketing tradicional o
los argumentos de la buena imagen. Se pide a la
empresa s honestidad y transparencia y, sobre
todo, una coherencia que se exprese en hechos y
comportamientos corporativos, más allá de las
buenas intenciones de los directivos (J. Benavi-
des, 2011b, p. 210). Estas circunstancias obligan
a la empresa a redefinir su comunicación gene-
ral, tanto hacia dentro como hacia fuera, en la
medida en que determinadas áreas de nuevos
significados han sido incorporados a su agenda.
Si atendemos a la que indica la Figura 2 el
lector puede observar con facilidad la diferente
construcción discursiva que se genera desde los
dos enfoques indicados. El discurso de la empre-
sa respecto a la Responsabilidad Social difiere en
la obligacn que tiene la empresa de asumir de-
terminados compromisos; lo que de hecho está
ya sucediendo aunque de un una forma poco
clara y siempre al amparo de una voluntariedad
puramente retórica. A mi modo de ver esta
transformación es realmente importante, porque
ayudará en su momento a un cambio en la per-
cepción que la sociedad tiene de la empresa y el
valor indudable que ésta ade al entorno social
y al propio individuo; porque, en efecto, lo más
importante de las estructuras topológicas es que
explican no sólo la generación de discursos sino
la imbricación de estructuras ideológicas que
normalmente generan exclusión en lugar de in-
tegración y valor. Creo que este aspecto del que
no he hablado deriva de estas reflexiones. No se
debe olvidar.
Resumiendo todo lo dicho; la Responsabilidad
social es sobre todo, y ante todo, un lugar de dimen-
sión lingüística y cognitiva
3
. Nada más pero tam-
bién nada menos. Y debe entenderse la noción
de lugar de un modo similar a la definición que,
por ejemplo, Ph. Quéau (1998, p.46) ha dado
de lo virtual; porque en efecto, la Responsabilidad
social viene a ocupar dos ámbitos discursivos,
que no son otra cosa que espacios de naturaleza
3 Por eso siempre deendo que la RS es una noción transversal
que cruza a través de todo el quehacer de la empresa y del entorno
social que ésta ocupa
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lingüística donde todo se encuentra atrapado
por el lenguaje con una gran libertad de creación
y construccn y donde los significados repre-
sentan un complejo sistema de relaciones signi-
ficantes. Este es el motivo por el que la Respon-
sabilidad Social se explicita en los procesos de
comunicación que una empresa está en condi-
ciones de desarrollar, lo que afectará de modo
directo a la ética, pues es en la comunicación
donde brotan muchas de las decisiones éticas en
la sociedad medtica que disfrutamos y padece-
mos ( V.Camps, 1991, pp. 41-42); por lo que no
es difícil comprender que la Responsabilidad Social
se puede convertir en un criterio para que sea s
justa la acción colectiva de una organización.
Ahora bien, al tiempo que esto sucede y en la
base de estos enfoques cabe añadir lo que indi-
can algunos expertos en esta materia; me refiero
a la necesidad que tiene la empresa de cubrir
todo un conjunto de necesidades que exigen de
regulación y política. De la reflexión ética se pasa
necesariamente a la regulación, porque, “las em-
presas necesitan ciudadanos con rentas constan-
tes y seguras, y confianza en sus instituciones y
en su modelo de organización política; necesitan
un sistema de formación que les provea de em-
pleados con los conocimientos, actitudes e in-
centivos adecuados para formar parte de las
organizaciones adhiriéndose a sus objetivos; ne-
cesitan de un regulador que asegure un entorno
fiable; y necesitan un contexto internacional es-
table, sin amenazas y riesgos evitables”(P.Fran-
s, 2006, pp. 30 y 33). Es el momento de en-
tender eso que ellos mismo citan como progra-
ma débil; es decir, un análisis conservador
dirigido a los cambios de actitud en las personas
Figura 1. Los discursos de la Responsabilidad Social se han ubicado en el eje del
sujeto, porque la organización no es susceptible de obligatoriedad moral
Individuo
Voluntariedad
Organización
Obligatoriedad
La RS intención moral de los
directivos
La RS como imagen y
reputación
La RS como
comportamiento moral
La RS como retorno de la
empresa a la sociedad
2º Discurso de la empresa
EL MERCADO ES EL ESPACIO
DE ACTUACIÓN DE LA
EMPRESA
1º Discurso de la empresa
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y adecuadas estrategias de comunicación y códi-
gos de conductas, colaboración con el Tercer
Sector, etc. y el imprescindible replanteamiento
del papel de las empresas como líderes y arma-
n de la sociedad: mediciones, valoración de
intangibles, alianzas y cooperaciones. Por ello, la
base de estos programas de sitúa el contexto de la
política (ibid) donde las empresas se ponen en
contacto con las decisiones de los responsables
blicos, condicionándolo o adaptándose a sus
direcciones y estrategias (probablemente es aq
donde se debe introducir el papel de los organis-
mos reguladores). La política ofrece el contexto
normativo ideológico en el que operan las em-
presas. Lo cual es también un problema, —o
una desgracia por esto de la ideología—, que
afecta a los propios espacios topológicos.
2. ¿ Cuál es el lugar de la ética en
la Responsabilidad Social?
Responder a esta segunda pregunta me resulta
todavía más difícil si añado una precisn inevi-
table: ¿Resulta claro y sobre todo aceptado que la
gestión de las empresas y la política están por
debajo de la ética? En el fondo sucede algo pare-
cido a lo que hemos comentado en los párrafos
anteriores. Porque, en efecto y refiriéndome a la
ética, no es lo mismo entender que la disciplina
se orienta a una noción de verdad que supera la
naturaleza del hombre o se dirige a una verdad
en el marco del perfeccionamiento material de la
vida de las personas. Dos espacios de significado
diferentes que obedecen y generan discursos di-
versos; y lo más interesante es que uno no es más
real que otro, sino que, como expresa R. Rorty
(2009, p. 29) ambas posiciones expresan “dos
poemas visionarios: uno que ofrece una visión
de ascenso vertical hacia algo más grande que lo
meramente humano, el otro una visión de pro-
greso horizontal hacia un amor cooperativo co-
n a escala planetaria”. Nuevamente el investi-
gador se encuentra con las metáforas del lenguaje
y los espacios topológicos: ¿espacialidad o direc-
cionalidad? Pregunta que conduce inevitable-
mente a entender si la ética realmente se sitúa
por encima de la política o por debajo de ella. A
lo largo de las ginas que siguen voy a mante-
ner este eje interpretativo que es el que, a mi
modo de ver, define y explica el desarrollo del
pensamiento ético en la gestión de la comunica-
ción organizacional y corporativa.
2.1. El valor
En un principio los Informes, llamados de
Sostenibilidad o de Responsabilidad Social, que
aparecen a lo largo del año, editados la mayoa
de las veces por las propias empresas o por orga-
nismos relacionados, plantean con independen-
cia de la equivocidad de los conceptos utiliza-
dos, una relación evidente entre tres conceptos:
Responsabilidad Social, Valores y digos de Con-
ducta; siendo los valores las categorías funda-
mentales (Ver Figura 3)
4
.
Por todo ello, la relación normal en los dis-
cursos de la empresa es la que establece el valor
(también confundido a veces con la palabra in-
tangible) como principal referente, que relaciona
la RS/Sostenibilidad con los Códigos de Con-
ducta y la Cultura Corporativa de la compañía;
aunque la realidad de fondo es que la ética es la
4 Incluso si atendemos a los comunicados de los Foros Interna-
cionales, las reuniones de los líderes mundiales o lo que indica la pro-
pia Unión Europea, esta abstracta y triple relación,-relación entre el
valor, la RS, y sus Códigos de Conducta-, se complica todavía más
cuando la Responsabilidad se entrelaza con nueva nociones como la
sostenibilidad. Sirvan de ejemplo el Estudio Muiltisectorial sobre el esta-
do de la responsabilidad corporativa de la gran empresa en España, Club
de excelencia en sostenibilidad, Madrid 2009 o el Catálogo de buenas
prácticas en Responsabilidad corporativa, Red Eléctrica de España 2010.
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Ética, valores y Responsabilidad Social · Págs. 32 a 51
que relaciona estos ámbitos de contenido, sin
perder por ello la noción de valor como princi-
pal nudo de interrelación y fundamento de la
cultura corporativa de una compía. Así al me-
nos lo expresan numerosos informes, alguna de
cuyas afirmaciones reza como sigue:los valores
son cualidades únicas de la empresa y de sus
empleados, que se reflejan en conductas deter-
minadas que identifican a la empresa y gan su
gestión, así como el desarrollo de sus políticas,
estrategias y procesos. Los valores influyen, por
tanto, en todas las actividades de la empresa y
deben marcar la pauta del comportamiento de
todos sus integrantes. La importancia de los va-
lores ha sido reconocida por todas las empresas,
de los tres segmentos. Por eso, el 100% de las
empresas líderes y el 92% y el 75% de las empre-
sas en consolidación y en desarrollo respectiva-
mente tienen unos valores corporativos definidos.
Además, el 95% de las empresas líderes incorpo-
ran en ellos la responsabilidad corporativa
5
. Esta
última cita confirma la importancia de la noción
5 Cfr. Estudio Multisectorial sobre el estado de la Responsabilidad
Corporativa de la gran empresa en España, Ibid.
de valor, que merece una atención especial, a la
hora de entenderlo como fundamentación del
comportamiento corporativo de una compañía.
Ahora bien; a mi modo de ver, la comunica-
ción de valores significa, stricto sensu, la comuni-
cación de formas de ser y modos de comprender
y estar en la realidad; lo que significa que el valor
es en la base de cualquier comportamiento
moral y por ende de cualquier construcción ética
(J. Benavides, 2007, p. 59-60). Pues bien; nor-
malmente los fundamentos éticos de los valores
corporativos se centran normalmente en los lla-
mados Derechos Humanos, noción también de
una enorme complejidad y cuyos contenidos
son los que muchas veces determinan los valores
que una empresa dice defender e integrar en su
cultura corporativa.
Si se adopta este primer enfoque del valor a la
hora de comprender qué tiene que ver la ética con
la responsabilidad social nos vemos obligados a
relacionar dicha noción con la más amplia rela-
cionada con los derechos humanos; aal menos
se ha definido desde numerosos planteamientos
teóricos y aplicados. En este sentido, me refiero
explícitamente a todo un conjunto de textos que
Figura 3 · La ética engloba las tres áreas de signicado desde la cuales la empresa
construye su discurso sobre la Responsabilidad Socia, siendo los valores su principal eje
discursivo y de signicado
Discursos
Responsabilidad
Social
Sostenibilidad
VALORES
Códigos de Conducta
Cultura corporativa
ÉTICA
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expresan las diferentes posiciones que se han ido
adoptando sobre este tema
66
. Pues bien; sobre
los derechos humanos y su fundamentación en
rminos de valor existen, cuando menos, dos
posiciones marcadas y algunas intermedias, que
se sitúan entre los planteamientos iusnaturalistas
y los propiamente positivistas (Ver figura 4).
En efecto, y a modo de ejemplo, las posicio-
nes llamadas iusnaturalistas entienden por dere-
chos naturales “aquellos derechos de los que es
titular el hombre no por graciosa concesión de
las normas positivas, sino con anterioridad e in-
dependencia de ellas y por el mero hecho de ser
hombre, de participar en la naturaleza humana”
(A. Fernández-Galiano 1977, p. 141), o bien
“aquellos derechos fundamentales de la persona
humana —considerada tanto en su aspecto indi-
vidual como comunitario— que corresponden a
ésta (de esencia, a un mismo tiempo, corpórea,
espiritual y social) y que deben ser reconocidos
6 Remito a las referencias bibliográcas al nal de este artículo
y respetados por todo poder y autoridad y toda
norma jurídica positiva, cediendo, no obstante,
en su ejercicio ante las exigencias del bien co-
n” (J. Castán, 1985, p. 13). Sin embargo, las
posiciones positivistas entienden los derechos
como principios reguladores que vienen deter-
minados por el ejercicio de la política; es decir,
por el Estado o las declaraciones de los organis-
mos internacionales (A. Sánchez de la Torre
1968). Las posiciones llamadas intermedias, pro-
curan, como su misma palabra indica, una posi-
ción a medio camino, entendiendo los derechos
humanos “como un conjunto de facultades e ins-
tituciones que, en cada momento histórico, con-
cretan las exigencias de la dignidad, la libertad
y la igualdad humanas, las cuales deben ser reco-
nocidas positivamente por los ordenamientos
judicos a nivel nacional e internacional(A. E.
rez Lo, 1984, p. 39).
Dejando a un lado la posición que sobre
este triple enfoque pueda adoptar una empresa,
lo que parece claro es que los valores —o, si se
Figura 4: Los valores asociados a los derechos del hombre fundamentan los contenidos
de los intangibles comunicados por las compañías. Sin embargo su fundamentación es
diferente y así lo serán los discursos que se construyan.
1. Iusnaturalismo
Derechos
naturales
Derechos individuales
determinados por
los estados y organismos
internacionales
Derechos
fundamentales
determinados por la
coyuntura histórica
2. Positivismo 3. Posición intermedia
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Ética, valores y Responsabilidad Social · Págs. 32 a 51
prefiere, los intangibles definidos en la cultura
corporativa de una compañía—, enmarcan los
compromisos y objetivos que una empresa está
en condiciones de asumir en relación con sus
diferentes grupos de interés (stakeholders) y con
la sociedad en su conjunto. Y desde esta última
reflexión no cabe duda que valores como la
dignidad de la persona, libertad, igualdad o
respeto por el medio ambiente se originan en
estas posiciones, aunque con un diferente matiz
en su fundamentación.
Pero lo que verdaderamente importa de ambas
posturas es que en la primera, —el isunaturalis-
mo—, la política queda por debajo de los valores y,
en la segunda,—el positivismo—, la potica queda
por encima. Las posiciones intermedias realizan una
cierto juego dialéctico en favor del consenso que en
cada momento pueda establecerse. Desde ahí cabe
reflexionar sobre los fundamentos auténticos de
unos determinados valores y consiguientemente
sobre la posicn ética que se sitúa detrás. Por-
que, en efecto, el origen de las posiciones más
determinantes
7
, o si se quiere de todas ellas, es la
que explica el origen y fundamento ético de los
valores que se están discutiendo.
2.2. La ética
De muchos es sabido que la ética tiene dos fun-
ciones primordiales; la primera de naturaleza
crítica (desenmascarar, ponderar las acciones,
autenticidad de las mismas, etc.) y la segunda de
naturaleza utópica (ideales normativos de las rea-
lizaciones humanas) (J. L. López Aranguren,
1957). Esta doble función se concreta en los
análisis que a lo largo de la historia del pensa-
miento se explicitan en la búsqueda de fines y
significados más allá de la razón instrumental, la
formulación de utopías globales o la consolida-
7 Ver gura 4, posiciones 1 y 2
ción del valor inalienable de lo humano. La ética
surge necesariamente en la realidad humana por-
que ésta trata de personas, no de cosas (D. Hume,
1947, p. 47); y se construye en esa relación tensa
entre la acción y la estructura / institución; es al
mismo tiempo subjetiva y objetiva (M. Vidal,
1991, pp. 235-236). El planteamiento subjetivo
que discierne entre la coherencia del sujeto hu-
mano a la hora de actuar atendiendo a su respon-
sabilidad y voluntad; y el objetivo, que afecta a la
construcción o destrucción normativa de la rea-
lidad humana. Cuando estas posiciones se extre-
man aparecen las interpretaciones reduccionis-
tas de la ética.
Sobre la base de estos planteamientos que
de modo tan general acabo de expresar se han
desarrollado muy diferentes reflexiones sobre
el hecho moral y la ética, que atienden al con-
texto social, al individuo y a los procesos de
construcción social que de ahí se derivan. Estos
cuestionamientos desarrollan las diversas posi-
ciones que la sociología adopta frente a la re-
flexión del hecho moral en contraposición con
la tradición kantiana (A. Hortal 2005, pp. 32 y
ss.): la perspectiva holista de Durkheim, que
trata los hechos sociales como cosas y en ese
sentido, la moral es un hecho social que se
ejerce sobre las personas, la perspectiva de M.
Weber que observa más directamente las ac-
ciones de las personas o la de P. Berger &Th.
Luckamnn que procuran una visión interme-
dia, donde la sociedad tiene su facticidad objetiva
al tiempo que es el resultado de las actuaciones
de los individuos y por ende un producto hu-
mano (ibid.) Contenidos que apunto pero de
los que lógicamente no voy hablar porque exce-
den en mucho los objetivos y dimensión de
este artículo.
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2.2. El uso del valor
El valor es el que determina, define y ubica la
ética en la gestión empresarial. Pero la comunica-
ción del valor se expresa en diversos contextos
discursivos que se extienden en el tiempo con
significados no siempre claros y precisos y nor-
malmente opacos respecto al fundamento ético
que se oculta detrás. Es, por ello, por lo que los
valores y la ética se han ido asociando, —no
siempre con claridad y precisión—, a diversas
cuestiones como la persona, la globalización, la
justicia o el medio ambiente que se han puesto
como temas fundamentales en relación con la
Responsabilidad Social y la gestión ética de una
compañía (de acuerdo a los ejemplos de la Figu-
ra 5); en ese contexto, los valores sirven como
piezas de significado, —o como estructuras signi-
ficantes—, en la construcción de todo un con-
junto de discursos que serán los que las empre-
sas y organizaciones utilicen en la definición de
su identidad de marca como compañía .
Al hilo de estas reflexiones me voy a permitir
comentar a modo de ejemplo, y aunque sea de
una forma muy resumida, algunos comentarios
de relevantes investigadores en esto de la empresa
y la ética. Me refiero a unos trabajos, relativamen-
te recientes, que comentan la necesidad de rela-
cionar el discurso moral de las empresas, —o la
comunicación de los valores de identidad de la
compañía—, con un enfoque ético muy deter-
minado, que es el que le proporciona su funda-
mento. Me refiero concretamente a los trabajos
Figura 5: Los valores se construyen discursivamente de acuerdo a variables diferentes y
atendiendo al sector empresarial de que se trate
Ejemplos de discursos donde los valores desarrollan sus signicados
El discurso de la persona entendido como titular objetivo de valores y derechos. No cabe solamen-
te hablar de los derechos referidos a la autodeterminación del individuo (derechos subjetivos), sino
de aquellos otros que hacen referencia a la autodeterminación de los entes colectivos como la
empresa. Este hecho conduce a hablar de diversos sujetos de derechos: la persona, el Estado y los
sujetos de la relación jurídica por la que se originan (Sánchez de la Torre, 1968 pp.31-32) En este
sentido, la empresa está en condiciones de atender estos derechos en el desarrollo de la sociedad
donde tiene su actividad.
El discurso sobre la dignidad de la persona entendido como reconocimiento en el ser humano de
una dignidad que debe ser respetada y que afecta a su racionalidad (diferente al animal), igualdad,
respeto, libertad y dimensión trascendente (intimidad, ideales, etc.). Tiene este discurso numerosas
connotaciones interdisciplinares (postulados teológicos -J. A. Ezcurdia, 1987,p.28 y 44-, biológicos,
culturales, etc.) que lo hacen enormemente complejo en su signicado concreto.
El discurso sobre la libertad, que se reere al hecho del poder hacer del individuo en la vida diaria
con el desarrollo de unas condiciones laborales que permiten al trabajador forman parte de los
objetivos y nes de la actividad de la compañía.
El discurso sobre el medio ambiente y la sostenibilidad, entendido como la aceptación por parte
de la empresa de la necesidad de recticar las políticas industriales en la búsqueda de nuevas
fuentes alternativas y más sostenibles en la emisión de gases invernadero, cuidado del medio
ambiente y el entorno social (Cg. Lockwood, 2007, p.16)
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de Hans Küng , titulado El mercado global exige
una ética global (2006), al de de Peter Ulrich sobre
Ética mundial y economía mundial. Una perspectiva
ético-económica (2006, pp. 33-51) y, por último y
s reciente el trabajo de R. González Fabre Res-
ponsabilidad Social de la empresa y ética (2009,
pp.205-223). Es cierto que estos autores piensan
y escriben sobre empresas grandes y sobre temas
concretos como son la globalización o la justicia,
pero sin duda sirve su reflexión para alcanzar un
mejor encuadre de lo que significa la ética en la
gestión de los valores de una empresa.
El primer autor citado se cuestiona la respon-
sabilidad de la economía y, por ende, de la em-
presa en el sentido de que si aquella se ha globa-
lizado, ésta debe adoptar también una ética de
naturaleza global. Es decir: “El fenómeno de la
globalización económica pone en claro que tam-
bién en la ética debe haber una globalización ….
Hace falta una reflexión sobre el nimo indis-
pensable en cuanto a determinados valores éti-
cos, actitudes fundamentales y normas, es decir:
una ética mundial para esta sociedad y esta eco-
nomía mundiales que puedan asumir todas las
naciones y todos los grupos de interés” (H.
ng, 2006, p. 21) La propuesta planteada obe-
dece en definitiva al fin del Estado del Bienestar
y a la falta de un modelo económico que esté en
condiciones de sustituir al tradicional modelo de
libre mercado que todos hemos conocido. Ahora
bien; esta ética mundial arranca de unos requisi-
tos ya establecidos por los propios valores dis-
cursivos de las empresas, de los que ya he habla-
do hace un momento. En efecto, “la econoa
mundial no gira únicamente en torno a los mer-
cados, sino que es en última instancia una actua-
ción humana para los seres humanos(ibid., p. 25.
El subrayado es mío). Para el segundo autor, las
actuales circunstancias que vive la economía exi-
gen de la empresa dirigirse a unos nuevos supues-
tos normativos que integren un universalismo
ético con la pluralidad de culturas, las tradicio-
nes morales de las personas y la globalización
económica (P.Ulrich, 2006, p. 33-34). Las gran-
des empresas requieren fundamentar su gestión
en este nuevo contexto donde la ética vuelve a
ponerse por encima de la economía gracias a lo
que el mismo autor entiende como principio de
reciprocidad (ibid.). Por último para R. González
Fabre el concepto de Responsabilidad Social de-
finido en el Libro Verde elude “cuidadosamente
mencionar un concepto moral de justicia, que, si
tuviera sentido, debería ser lógicamente anterior
y superior al concepto legal. Con ello se elude
una discusión central en la filosofía política des-
de los griegos hasta nuestros días: la de que si la
ley debe prohibir lo que, ya antes que ella, es
injusto a los ojos de la razón; o más bien al con-
trario: es la ley con sus prohibiciones la que hace
injusto un comportamiento”. (R. Gonlez Fabre,
2009, p. 211). Reflexión, ésta última, que explica
la propuesta de integrar en el discurso de la Res-
ponsabilidad Social de la Empresa la Responsabi-
lidad Moral que obliga a la compañía, más alde
las determinaciones legales establecidas.
A mi modo de ver, estos discursos éticos sobre
la empresa se sitúan necesariamente muy por
encima de la racionalidad económica, y, en el
fondo, vienen a afirmar que los seres humanos,
para ser felices y sentirse bien, necesitan s cosas
que las que le ofrece la economía de mercado,
porque, en definitiva, es la economía la que debe
ponerse al servicio de las necesidades humanas y
no viceversa. Propuesta que se opone abierta-
mente a aquella definición-resumen que en
1970 defendiera M. Friedman y que entendía la
responsabilidad social empresarial como la obli-
gación única de cumplir la ley y reportar benefi-
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cios a los accionistas; idea que todaa permanece
invariable en la mentalidad de muchos empresa-
rios. Hasta aquí los ejemplos.
2.3. De nuevo con la ética y algunas
conclusiones
Este conjunto de discursos es el que conduce
irremediablemente a aceptar que la ética es s
que un término que interviene en la gestión de
las empresas y organizaciones; es un plantea-
miento que determina nuevas obligaciones en el
ámbito de la actividad industrial que van más
al de los puros objetivos económicos propios
de la empresa. A mi modo de ver es desde esta
perspectiva desde donde cabe reflexionar sobre
el tipo de ética, —más bien sobre el tipo de enfo-
que—, de la que se está habando en cada caso. Y
de ahí la pregunta: ¿Cuáles son en el fondo los
postulados éticos que no solo tiene el directivo
de una empresa a título personal sino la organi-
zación como estructura humana? Como he teni-
do ocasión de indicar, resulta interesante obser-
var a este respecto algo de la numerosa bibliografía
que ha ido apareciendo en los últimos años so-
bre este tema. Trabajos que relacionan la ética de
la empresa con la globalización o con la justicia,
con los derechos del hombre o con una idea
trascendente de la vida.
Pues bien; llegados a este punto nuevamente
cabe observar esto de la generación de espacios
topológicos que el lenguaje ofrece a las personas
y que a modo de figuras metafóricas (G.Lakoff &
M. Johnson 1980) permiten comprender la re-
flexión ética desde posiciones diferentes. En
efecto, al principio del apartado segundo de este
artículo me refería precisamente a esto: no es lo
mismo adoptar una visión de la ética centrada en
la maximización de los deseos personales adop-
tando ciertos criterios de consenso social, que
proyectar la felicidad y las necesidades de las
personas más alde su finitud temporal y empí-
rica. Porque, en efecto, en el primer caso, cabe
pensar que lo económico siempre volverá a tener
especial protagonismo, —lo que en algún lugar
he llamado el fundamentalismo del mercado—; y
también el ideal utilitarista de la maximización
de la felicidad individual en el aqy ahora, —lo
que en aln lugar he definido como el funda-
mentalismo del individuo, que deja en a muer-
ta todo eso de la justicia, la igualdad o la solida-
ridad entre los seres humanos. No cabe pensar
así en el segundo caso, donde la ética, al quedar
siempre por encima de las decisiones políticas,
impone los límites necesarios tanto en las accio-
nes de las organizaciones como en las de los in-
dividuos. Llegados a este punto la opción que se
haya adoptado sobre el valor de la propia ética
explica muchas de las cuestiones que se están
sucediendo en el día a día de la crisis económica
que se está padeciendo y del modo en que se
esrepresentando el funcionamiento del propio
mercado, el papel de las empresas y de los pro-
pios Estados Nacionales a la hora de definir pro-
blemas y promulgar resoluciones y normativas.
Y es que esta doble posición que acabo de citar
diferencia los últimos fundamentos de las deci-
siones respecto a los comportamientos y los va-
lores. En efecto; si exagero las posiciones cabe
decir que, en el primer caso, todo depende del
consenso que se establezca. No hay nada mas
alde lo inmediato, tangible y discutible que
pueda fundamentar un valor y un comporta-
miento moral; todo depende del acuerdo que se
adopte. La política está por encima de la ética y
la moral, porque en definitiva todo ello deriva de
un proceso de construcción social. Esta posición
explica el que la RS sea voluntaria y no obligato-
ria, porque el discurso del valor sobre la persona
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Ética, valores y Responsabilidad Social · Págs. 32 a 51
y su necesaria libertad a la hora de tomar decisio-
nes morales impide otra cosa. Sin embargo, la
segunda posición, —que es la mía—, sia a la
ética por encima de la política, determinando y
obligando a ésta en la toma de decisiones: obli-
gan los fundamentos de la naturaleza humana
que son los que quedan s alde lo inmediato,
tangible y discutible. Esta última posición cues-
tiona y perfila los límites de la propia gestión po-
tica, invalidando algunas de las normas y leyes
injustas que puedan adoptar los Gobiernos y
Parlamentos de los países y, consiguientemente,
de las propias actuaciones económicas. Con ello
la reflexión ética no sólo se sitúa por encima de la
economía, sino de la propia política que es la que
esen condiciones de legislar. Y en este tema,
del que sobran ejemplos, está la decisión.
Pues bien; esta doble perspectiva exige re-
planteamientos de mayor profundidad en esto
de la RS, que permitan la generación de discur-
sos donde se cambien no solo los significados o
alcance de los valores sino la obligatoriedad cor-
porativa de las estructuras éticas que los funda-
mentan. Por eso mismo me he permitido recor-
dar al lector ese espacio topológico donde el
lenguaje nos ofrece una metáfora para compren-
der el discurso de la ética; y ello en el sentido de
contraponer una posición vertical, de abajo
arriba—, con una posición horizontal, —de
atrás hacia delante(Ver figura 6). Qué duda
cabe que en este espacio metafórico que me pro-
porciona el lenguaje cabe observar las dos prin-
cipales visiones globales que en la actualidad se
están produciendo sobre la ética, en uno y otro
Figura 6 · En la actualidad las posiciones éticas, —con independencia de sus múltiples matices
por escuelas— se reducen a dos fundamentales, que son las que ejemplican los argumentos
que en la actualidad se formulan en torno a la Responsabilidad Social: la posición horizontal
que integra enfoques tan divergentes en el ámbito del conocimiento cientíco como el cons-
tructivista o el realismo positivista; y el enfoque vertical, que viene denido por aquellos otros
planteamientos de naturaleza transcendente, que universalizan los valores éticos y los sitúan
más allá de los límites de la realidad observada.
MORAL
COMPORTAMIENTOS
VALORES COMPORTAMIENTOS MORAL
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sentido y que Rorty entendiera como dos poemas
visionarios (ibid). Lo más interesante de este do-
ble eje sobre el que entiendo se puede situar este
debate de le RS y la ética es que el eje horizontal
sitúa a la ética por debajo de las decisiones polí-
ticas y de las determinaciones de la historia; por
el contrario, en el segundo eje vertical es la ética
la que se sia por encima de las decisiones polí-
ticas y de los procesos históricos. Dos plantea-
mientos que, pese a su divergencia, no son nece-
sariamente excluyentes. Estas dos posiciones
deben evitar las construcciones ideológicas y lle-
gar a acuerdos; el verdadero consenso no está
dentro de cada una de las posiciones sino entre
las dos (Ver Figura 6, g. 47)
Si se reduce la ética a la esencia misma y ex-
clusiva de la consecución de los deseos de la per-
sona (maximización de la felicidad y la libertad)
se acentúa el sentido individual de la moral; pero
los deseos no suponen necesariamente dere-
chos, porque aquellos parten del individuo pero
éstos son los que establecen relaciones con el
otro. La actual complejidad que produce la glo-
balización y los choques culturales exigen de la
política y de los gobiernos una toma de decisio-
nes reguladoras que casi nunca se aplican en su
totalidad y menos todavía se formulan con equi-
dad y transparencia. Y esta falta de autoridad y
reconocimiento se debe precisamente al escaso
grado de comprensión y aceptación de una re-
flexión moral en profundidad, cuya debilidad
sitúa a la política y los intereses por encima de
las exigencias éticas y morales. A mi modo de
ver este es el error que también se esta produ-
ciendo en el ámbito de la Responsabilidad Social
y su relación con la ética.
Pero, como ya he indicado, estas dos posicio-
nes siendo divergentes no son excluyentes y lle-
van a reformular lo que quizá el mismo Kant se
llegó a plantear en susqueda de una redefini-
ción del teísmo moral (J. Gómez Caffarena, 1983)
o a L. Wittgenstein (1965) le llevó a decir que “la
ética, de ser algo, es sobrenatural”. Son posibles
los acuerdos, aunque el obstáculo de ambos dis-
cursos es su empañamiento ideológico. Porque,
en efecto, convertir una decisión ética en la con-
secuencia de un argumento ideológico convierte
la convivencia social en enfrentamiento y distan-
cia en lugar de colaboración y cercanía. Ese es en
el fondo, el origen de muchos de los problemas
que se observan en la actualidad. Y esto no tiene
que ver necesariamente con posicionamientos
religiosos, —aunque lógicamente los presupo-
nen—, porque la ética se dirige a proporcionar
sentido a la persona y compromiso con la reali-
dad. A mi modo de ver, es desde estas reflexio-
nes desde donde cabe relacionar los postulados
éticos con la gestión de la Responsabilidad Social
y, especialmente, con las obligaciones que la em-
presa debe asumir desde sus modelos de gestión
corporativa.
Y sobre estas palabras un último comentario.
La situación, que actualmente se vive en la socie-
dad, está conduciendo al ciudadano a experi-
mentar una cierta deslegitimación de las institu-
ciones y de las normas y valores que derivaban
de aquellas; en este proceso nociones como las de
autoridad, norma, jerarquía de valores, ética, etc.,
cobran una especial relevancia. Por ejemplo, la
propia noción de poder parece haberse desubicado
respecto a sus tradicionales instituciones; es como si
el poder estuviera cambiando de lugar de modo per-
manente, convirtiéndose en algo como s invisible,
disimulado dets de los decires y de las instituciones
sociales,cada vez más agujereadas—. Esta com-
plejísima situación distancia a los ciudadanos de
las instituciones y las empresas y los sitúa en tor-
no a dos nuevos ejes hermeneúticos y anómicos
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fundamentales: la indiferencia, —cuando no crí-
tica y rechazo—, frente a los referentes clásicos
del poder y las normas de las instituciones y el
vaciamiento de los valores convertidos en catego-
as de intercambio o en simples scaras signifi-
cantes llenas de vacío. Un comentario que re-
cuerda las palabras literarias que el científico y
dico Lasson trasladara con ironía al comisario
Desiderio (J.Jiménez Lozano 2008, pp. 82-83):
“Muchas veces, los hombres no distinguimos la
mano derecha de la izquierda. Pero es que, aho-
ra, ya no existe ni siquiera esa brújula de las ma-
nos. Ni derecha ni izquierda, ni arriba ni abajo,
ni norte ni sur ni este ni oeste. Ni alfa ni omega.
Ni bien ni mal. Ni crimen ni castigo. ¡Ya ve! Esa
es la sanación, eso es estar curado”.
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