DESIGUALDAD EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA

La desigualdad en la ciencia sigue existiendo. En el año 2016 la ONU decidió nombrar el 11 de febrero como el Día Internacional de la mujer y niña en la ciencia, puesto que, por aquel entonces, seguía presente en esa disciplina.

Consideraron que esa decisión podía contribuir a llamar la atención de la sociedad y reclamar la puesta en marcha de medidas sociales y políticas acerca de la presencia de aquel problema.


Hace apenas unos días, el 11 de febrero, se celebraba el quinto aniversario, con unos objetivos similares. Estos objetivos son visibilizar el papel de la mujer en la ciencia y tecnología, aumentar los referentes femeninos y acabar con el techo de cristal en el mundo empresarial.


A mi pesar, a día de hoy sigue siendo un problema sin resolver.

En pleno siglo XXI, las mujeres siguen siendo víctimas de la desigualdad de género, no solo laboralmente -como sabemos- sino que, también está presente en la elección de estudios de las futuras promociones.


Según el INE, de 1.309.791 matriculados en las universidades españolas, el
55,6% son de sexo femenino predomina en la población universitaria. Sin embargo, en la rama científica y tecnológica el porcentaje de mujeres sigue siendo muy inferior al de los hombres: en ingeniería las mujeres tan solo representan el 25,6%, y en matemáticas el 36,6%.


Vistas estas cifras, tiene lógica que en las empresas tecnológicas y de innovación se manifieste la misma desigualdad. En España, las mujeres representan únicamente el 18% de los profesionales del mundo tecnológico. Por ello debemos reclamar, aquello que un día dijo la ejecutiva española Fuencisla Clemares, directora general de Google España y Portugal

“La tecnología no debe ser cuestión de género”.


Cabe recordar que, esto a su vez constituye una de las causas del bajo y ridículo porcentaje que ocupan las mujeres en los cargos directivos. En España tan solo el 16% de los puestos de alta dirección tienen una mujer al frente. Incluso menos si nos fijamos por ejemplo en las empresas que conforman el Ibex 35, de las cuales solamente cuatro son mujeres.


Deberíamos cuestionarnos por qué, año tras año, continúa esta desigualdad en cifras y a qué se debe esta tendencia, desde mi punto de vista, preocupante.

Bien es cierto que, en los últimos años, se han logrado grandes avances. Estamos mejor que hace 20 años, pero la desigualdad de género sigue presente en la vida científica, queda mucho camino aun para lograr la igualdad.


Desde mi punto de vista, se debe en mayor parte a la gran cantidad de estereotipos arraigados e incluso promovidos por la sociedad, medios de comunicación y en la ficción.

No hay que ser hipócritas, la mayor parte de la gente tiene la idea preconcebida de los físicos o matemáticos como friquis con dificultades para las relaciones sociales. Otro ejemplo, ninguno se esperaría que los coches de Fórmula 1 estén diseñados por una mujer ingeniera mecánica.

No hay duda de que los prejuicios que arrastran los grados universitarios científicos desde hace muchos años limitan la entrada de las mujeres en estas áreas.


Como sociedad, debemos derribar este tipo de factores que influyen en la elección de las mujeres, acabar con los estereotipos y fomentar los referentes de mujeres en estos ámbitos. En los últimos años se ha intentado corregir esta desigualdad mediante nuevas políticas e iniciativas para apoyar a las mujeres en esas áreas.


Sin embargo, la clave está en la educación de la población. Se debe crear conciencia acerca de esta desigualdad y divulgar que el mundo científico es un mundo igual de atractivo para hombres que para mujeres. Tanto en los medios de comunicación, como en el seno de las familias, escuelas y universidades como medio hacia una equidad en las nuevas generaciones.


Finalmente, como alumnos del MBM y sobre todo como posibles futuros CEO, tenemos que cuestionarnos: ¿Qué deberemos hacer en el futuro para intentar mitigar este problema?

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