La inteligencia artificial ya forma parte de la operativa de la mayoría de las empresas, pero solo una minoría está capturando un retorno significativo. Los estudios de PwC, Deloitte y SAP muestran que la diferencia no está en la tecnología utilizada, sino en la capacidad para integrarla en procesos, formar a los equipos, establecer métricas y desarrollar una gobernanza efectiva. En este artículo Kiko Gámez analiza por qué existe esta brecha y qué pueden hacer las organizaciones para obtener valor real de la IA.