El ecommerce no es ni mucho menos una novedad en internet. De hecho, el concepto de comercio electrónico como transacción realizada por medios electrónicos tiene su origen mucho antes de la popularización del acceso a internet. Dicho origen se remonta a la creación del EDI (Electronic Data Interchange), donde las compañías podían efectuar intercambios por este medio.
La palabra marketplace está, desde hace un tiempo, en el centro de muchas conversaciones. Ya sean empresariales, sociales o en foros de expertos, el éxito de estos modelos de negocio llama la atención y hace que muchos quieran apostar por ellos. Sin embargo, si lo pensamos, a cualquiera se nos vienen a la cabeza multitud de proyectos de este estilo que no han conseguido sus objetivos. ¿Por qué? La respuesta parece sencilla, a priori: porque no se ha pensado en el objetivo final que debe tener ese mercado.
El entorno comercial contemporáneo exige que las empresas evolucionen de las interacciones analógicas y adopten una estrategia omnicanal sólida. En este escenario, situar al usuario en el núcleo operativo ya no es una opción de imagen, sino una condición obligatoria para la supervivencia de cualquier marca en internet. El ecrm surge como la evolución natural de los sistemas de administración de relaciones tradicionales, adaptándose por completo a la velocidad de la red.