Vivimos en un mundo donde todo va a la velocidad de la luz y los cambios son constantes; quedarse un instante parado es quedarse obsoleto. Hoy, quedarse parado es ser un “jefecillo”, que dirige el equipo casi a empujones, es decir, sin tener objetivos claros; está pendiente del error, sin espacios para compartir, sugerir, construir.
La zona de confort hace referencia a un estado mental similar al “piloto automático”, por el que las personas adoptamos una rutina con el objetivo de obtener un rendimiento continuo sin tener que asumir riesgos, es esa zona donde nos sentimos seguros, porque lo tenemos todo controlado. Salir de la zona de confort puede provocar en dicha persona un estado de ansiedad o temor al fracaso, que prefiere evitar a toda costa, conformándose con la situación actual, aunque ésta le provoque insatisfacción o infelicidad.
Con la llegada de los primeros smartphones surgieron las primeras aplicaciones móviles: pequeños paquetes de software que, instalados en nuestro móvil, lo enriquecían permitiéndonos incorporarle nuevas posibilidades de productividad, entretenimiento, etc.
Cuando hablamos de negocios emergentes, nos vienen a la mente dos ideas contrapuestas: Por un lado, la imagen de los que alcanzan en pocos años un ámbito mundial y un valor de cientos de millones de dólares. Por otro, los numerosos proyectos que llegan a ser negocios rentables, pero no pasan de la escala de una microempresa. Esto es notorio en España, donde el 95% de las sociedades son micros.