En un panorama digital saturado, la publicidad corporativa tradicional pierde eficacia. Los usuarios desconfían de los logotipos, pero confían ciegamente en las personas.
Durante décadas, el marketing se rigió por un modelo mental lineal y sencillo: el consumidor veía un estímulo (un anuncio de TV), iba a la tienda (el lineal), veía el producto y lo compraba. Sin embargo, la irrupción de Internet y, sobre todo, del smartphone, dinamitó este esquema.
En un entorno digital donde la visibilidad geográfica es un activo estratégico, no podemos limitar nuestra presencia a un solo buscador.
Vivimos en una economía impulsada por los datos. Las empresas más exitosas ya no se preguntan si deben usar datos, sino cómo hacerlo de manera más efectiva.