Emprendimiento: el verdadero problema no es el dinero

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Desarrollar un negocio innovador, emprender, es una actividad de alto riesgo. No es fácil, no es barato y no es para todo el mundo.

Emprender es una actividad de alto riesgo

Es una actividad de alto riesgo, porque todo es desconocido: no hay certidumbre sobre la necesidad o el problema que tenemos que resolver; no la hay tampoco sobre quién es el cliente ni sobre lo que tenemos que construir. Al principio, solo tenemos ideas, hipótesis, corazonadas y quizá un poco de conocimiento de determinado mercado. Hace falta un minucioso trabajo de investigación.

En la fase de arranque los riesgos más importantes son:

  1. La tecnología: ¿podemos hacerlo?
  2. El mercado: ¿nos lo comprarán?

La triste realidad es que cerca del 90% de las empresas fracasan porque no pueden encontrar a nadie que les compre (riesgo mercado) su producto y no porque no puedan construir lo que quieren vender, según afirman Paul Ahlstrom & Nathan Furr en Nail it then Scale it. Dicho de otra manera, construimos productos que nadie o muy pocos quieren comprar. No los suficientes.

Emprender no es barato

No es barato, porque son muchos los recursos necesarios para levantar un negocio innovador. Principalmente, se necesitan recursos financieros y tiempo. Y el tiempo sigue siendo oro.

Pensamos que los recursos financieros son imprescindibles para poner en marcha negocios. En las primeras fases no lo son; al contrario: pueden acelerar el fracaso.“Mucho dinero en el comienzo de un negocio no solo es innecesario, sino realmente tóxico”, dice Mike Maples Jr. de la compañía Floodgate.

Emprender no es para todo el mundo

No es para todo el mundo, porque emprender es una de actividad muy específica que requiere de una buena combinación de capacitación, metodología, habilidad y compromiso. Algunos emprendedores de éxito incluyen un parámetro más: la suerte. Yo soy de la opinión de que la suerte ha y que buscársela, pero sí, coincido en que también hace falta esa extraña alineación de los astros, ese pequeño toque de varita mágica.

Emprender requiere esfuerzo y sacrificio, que tienen un enorme poder de desgaste físico, mental, emocional y económico. No todo el mundo está dispuesto a pasar este trámite cuando, además, nadie puede garantizar el éxito.

Traigo aquí una cita cuya autoría desconozco: “Ser emprendedor es vivir unos años de tu vida como nadie quiere para poder disfrutar el resto de tu vida como nadie puede”. ¡Es de locos! ¡Hay que quitárselo de la cabeza! Flaco favor le hace esta cita, muy utilizada por cierto, al mundo del emprendimiento. Nadie garantiza que nuestra iniciativa empresarial nos permita vivir “como nadie puede”, sobre todo si pensamos que con la inversión o financiación es todo más fácil y que es justo lo que necesita nuestro negocio.

Basamos los negocios innovadores en fase incipiente en supuestos e hipótesis que tenemos que validar. Conseguir inversión o financiación en estafase desemboca en la idea de “Hemos conseguido financiación o inversión, y eso quiere decir que estamos en lo cierto; empecemos con el plan”. Mal asunto.

Como emprendedores tenemos que reconocer que existe un abismo entre lo que pensamos que nos hará triunfar y lo que realmente lo hará. La diferencia entre el fracaso y el éxito es el proceso, no la financiación. Con suficiente capital empezamos a tomar decisiones basadas en nuestro plan, en nuestra visión, muy alejadas de la realidad por mucha investigación y trabajo de planificación que hayamos hecho en el despacho delante del ordenador.

El problema es que casi siempre basamos el plan de negocios en la fe acerca de lo que quiere el mercado en lugar de en los hechos. Tenemos que validar los supuestos incluidos en nuestro plan.

Entonces, ¿cómo arrancamos?

Lo primero que tenemos que hacer es descubrir una oportunidad monetizable. La única manera de descubrirla es salir a la calle, identificar a las personas correctas y hacer las preguntas oportunas. Cuando salimos a la calle, salimos a aprender, a descubrir. No salimos a vender. Salimos y preguntamos. Tenemos mucho que aprender, que validar, que reformular.

Cuando tenemos suficiente información, empezaremos con las especificaciones del producto o servicio. De nuevo, en esta fase no es necesario mucho dinero. Prototipamos y hacemos soluciones de baja tecnología (con plastilina, impresión en 3D, una simulación en PowerPoint…).Tenemos que utilizar nuestro ingenio para desarrollar algo que nos permita seguir recogiendo información de nuestro potencial cliente. Sería magnífico contar con un cliente prototipo. Busquemos uno.

A la fase del desarrollo de la solución, le seguirá la de conocimiento profundo de la arquitectura de mercado y la de definición de un buen modelo de negocio. De nuevo se trata de tiempo, no de dinero.

En resumen, el dinero no es el verdadero impedimento para crear negocios. Sise hace un buen trabajo previo, será más fácil y lógico que llegue. Pero no podemos confiarnos, nadie nos lo puede garantizar.

Así que, si estás pensando en emprender, recuerda: el proceso es lo importante.

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