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Pensamiento no humanoide: un modelo valioso y necesario

Pensamiento no humanoide: un modelo valioso y necesario

Marketing y Comunicación | Artículo
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  • Enero 2021
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En ocasiones, parece que, entre robots, algoritmos, IoT y otros muchos mecanismos y sistemas humanoides, los Homo sapiens estemos pasando a un segundo lugar a la hora de decidir a dónde nos dirigimos y cómo queremos dirigirnos hasta allí. Estamos construyendo una sociedad repleta de sistemas humanoides que nos invitan a dejar de pensar, decidir, equivocarnos, olvidarnos de algo o sufrir la frustración de que algún aspecto de nuestra vida no responda a la imagen de nuestros deseos y expectativas.

El smartphone, el reloj inteligente, la televisión, Alexa, la nevera… nos recuerdan y, peor aún, nos inducen o influyen a decidir:

  • a qué hora salir hacia algún sitio, qué ruta tomar y en qué medio de locomoción para llegar más deprisa;
  • a qué cliente llamar o qué producto ofrecer en función del estudio que ha realizado el sistema humanoide sobre el cliente;
  • si tenemos que comprar leche porque ya no nos queda en la nevera para que no lo olvidemos;
  • qué serie podemos ver en el iPad que concuerde con nuestras preferencias para no sufrir la decepción de que peli no nos satisfaga;
  • recordarnos el cumpleaños o una oferta comercial;
  • a qué hora dormir, comer, movernos o practicar sexo.

 

¡Qué horror!

Es genial que no se nos olvide comprar la leche para el desayuno del día siguiente a través de una aplicación, pero creo que estamos pagando un alto precio por ello. Es horrible —mejor dicho, terrible y devastador para nuestra especie— que vayamos dejando atrás nuestra capacidad de ser consientes para que el pensamiento humanoide nos construya una vida de comodidad, de no decisión, de no esfuerzo, de no error, de no riesgo a olvidar o equivocarnos…

¿Qué vida es esta si se acaba convirtiendo en un proceso de alimentar con datos —sea consciente o inconscientemente— al gran algoritmo humanoide que evita que seamos protagonistas de nuestras decisiones, si nos quita soberanía interior? Porque, no lo olvidemos, los algoritmos siempre incluyen los valores o las prioridades de quien los diseña y difunde; y normalmente son eficiencia, rapidez, control, cero errores, incentivar el consumo e incrementar la polarización:

  • ¿Para qué llegar siempre el primero y deprisa si eso me aleja de ver el atardecer o me impide encontrarme quizás con personas del barrio donde vivía de joven?
  • ¿Para qué sirve que mi reloj inteligente me recuerde qué debo comer y beber o cuándo moverme, dormir o …? ¿Es que como Homo sapiens no soy capaz de hacerlo sin ayuda externa? ¿Dónde quedan mi libertad, mi conciencia, mi opción de equivocarme?
  •   ¿Qué pasa si en vez de elegir el algoritmo al cliente, lo elijo yo mismo y aprendo si me equivoco?

Horroriza este sometimiento a los datos, a la capacidad de procesamiento, al machine learning, a la inteligencia artificial…

El pensamiento no humanoide es un movimiento para reivindicar las capacidades humanas, las contribuciones de nuestros millones de neuronas y sinapsis y, también, los recursos de adaptación e innovación que se encierran en nuestros genes y en nuestras redes neuronales. Algunas de esas capacidades son la conciencia, la autorregulación, la empatía o la creatividad.

Este concepto nuevo, el pensamiento no humanoide, que se fundamenta en una nutrida base teórica con un alto grado de aplicación práctica, se construye en torno a cinco tipos de pensamiento, que son los reseñados en el gráfico siguiente:

 

Pensamiento crítico

 

¿Sabe un algoritmo ponerse en el lugar de un humano diferente al del modelo o tipo programado? ¿Sabe un sistema de inteligencia artificial sostener los principios éticos básicos más allá de mantenerse fiel a las líneas de código de quien lo programó? ¿Puede un sistema de machine learning sustituir la creatividad de quien creó el fuego, la rueda, la imprenta, el David o la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Cuidado. No podemos construir y desarrollar una sociedad de humanos si, poco a poco, por comodidad, rapidez, miedo o… preferimos encomendar, delegar o abdicar las decisiones a los humanoides por aquello de ser más eficientes, productivos y cómodos. «Ellos» no se equivocan, no se olvidan, son más rápidos…

Para recuperar el pensamiento no humanoide, queremos proponer un manifiesto que iremos describiendo a lo largo de una serie de artículos que publicaremos en Rethink, donde desarrollaremos brevemente las características, las claves y las motivaciones de estos cinco pilares que sustentan una disciplina de pensamiento basada en el cuestionamiento, la comprensión, la modelización, la innovación y la coherencia. En este primer artículo solo comentaremos sus aspectos básicos.

 

Pensamiento crítico

Lees una noticia con miles de likes en las redes sociales. Sigues buscando información sobre ella. Tu terminal, del tamaño que sea, te trae más y más información. Reafirman lo leído previamente. También tienen muchos likes. Te sientes cómodo. Coinciden con lo que piensas. Miles de personas lo ven como tú. Tu visión del mundo es correcta. Y el planteamiento se polariza.

En el mundo en que vivimos, el concepto de pensamiento crítico está cobrando cada día más relevancia, dado que la cantidad de información a la que tenemos acceso y la rapidez a la que nos llega nos lleva a gestionarla de manera superficial y a perder el hábito de analizarla con una mirada profunda y cuestionadora. Podríamos decir que la cantidad ha reemplazado a la calidad y la rapidez al rigor, la fiabilidad o la validez. Además, la presión para responder con rapidez es mayor: parece que rápido es sinónimo de profesional y eficaz. Se nos exige decidir de manera rápida, lo que desincentiva el proceso de pensamiento crítico: pararse, cuestionar creencias, sesgos, validez de la información…

¿Qué aporta el pensamiento crítico? No nos dice qué decisiones debemos tomar, pero sí nos explica cómo funciona nuestro pensamiento y nos ayuda a entender los procesos, las creencias, los modelos y los sesgos que tenemos en el momento de tomar decisiones. Nos invita a pararnos y cuestionar las cosas.

 

Pensamiento empático

Decía George Bernard Shaw: «No les hagas a los demás lo que te gustaría que te hiciesen a ti; podrían tener otros gustos». El pensamiento empático quiere ahondar en la comprensión de esos otros gustos: de lo ajeno, de lo diferente, de lo extraño.

Se define, coloquialmente, la empatía como la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Consideramos una componente afiliativa (emocional) y otra más cognitiva. Esta segunda es la que se relaciona directamente con esta dimensión del pensamiento no humanoide: la capacidad de entender las perspectivas, los modelos mentales, los patrones que traen otras personas o grupos sociales para, desde ese entendimiento, construir mi propia respuesta de forma que no se olvide de los intereses y las necesidades, de la cultura y las costumbres del otro.

En un mundo polarizado y estresado por la velocidad, cada vez más VUCA, el pensamiento empático es la forma de construir puentes para vertebrar sociedades, comunidades de stakeholders y empresas sostenibles.

 

Pensamiento inductivo

Se trata de una forma de razonamiento donde la certeza de las premisas apoya la conclusión, pero no la garantiza. Veamos un ejemplo:

a)    El banco X está subiendo en bolsa.

b)    El banco Y está subiendo en bolsa.

c)    El banco Z está subiendo en bolsa.

d)    Por tanto, todos los bancos están subiendo en bolsa.

 

El razonamiento inductivo analiza la forma de medir la probabilidad de que una conclusión sea verdadera, así como las reglas para construir argumentos sólidos. A diferencia de los razonamientos deductivos, que son los frecuentemente más utilizados, no existe acuerdo sobre cuándo considerar un argumento como válido.

De este modo, se hace uso de la probabilidad de que una conclusión sea verdadera cuando sus premisas son verdaderas. Esta manera de pensar nos facilita nuevas vías que aportan soluciones creativas e innovadoras y está relacionada con las directrices del pensamiento lateral.

Bajo criterios inductivos se puede romper con los esquemas habituales del pensamiento funcional, buscar otra manera de proyectarse hacia enfoques y procesos nuevos y abrir un camino paralelo que nos permitirá explorar otras vías nunca antes tenidas en cuenta.

 

Pensamiento disruptivo

Es el proceso por el que la imaginación potencia el pensamiento creativo para obtener resultados innovadores de manera radical. Descrito de una manera sencilla: se trata de provocar el famoso «clic» dentro de la mente, que da como resultado algo que aporta un preciado valor añadido.

El impacto creativo o innovador de este tipo de pensamientos va mucho más allá de la función exclusiva del cerebro. Si cambiamos nuestros comportamientos, también podremos aumentar el impacto creativo e innovador y conseguir una mayor habilidad de las personas para generar ideas disruptivas. Por esta razón, las metodologías y técnicas disruptivas adquieren tanto valor en este tipo de pensamientos.

El pensamiento disruptivo se describe mediante una serie de procesos por los cuales cualquier persona o empresa puede plantear soluciones innovadoras con potencial de éxito sin importar el tamaño, el poder o los recursos. Los disruptores analizan de forma estratégica los insights para enfocar su esfuerzo creativo hacia huecos de mercado ignorados. Esto, sin duda, permite ofrecer nuevas y mejores soluciones a un mercado con alta competitividad y globalmente saturado.

Por ejemplo, los cambios en el comportamiento suponen disrupciones en muchos mercados y modelos de negocio. El concepto de non-property marca la tendencia por la que muchas marcas establecen nuevas formas de operar. Actualmente, cualquier persona puede comprar un coche en propiedad o, por el contrario, disfrutarlo bajo un modelo de alquiler durante unos años determinados y devolverlo a la finalización del contrato, un nuevo camino que proporciona una alternativa de comercialización innovadora disponible al alcance de toda la masa de potenciales consumidores.

 

Pensamiento ético

 Los valores nos ayudan a identificar y definir lo que valoramos, lo que es importante y prioritario. Nos mueven a la acción y, en ocasiones, sin ser conscientes de ello, nos ayudan o impulsan a tomar decisiones.

¿Todas las decisiones son éticas? ¿Todas las decisiones son válidas?

En un marco de crear empresas y comunidades sostenibles y alineadas con los principios ESG y los ODS, el pensamiento no humanoide, orientado a responder a los retos del momento actual, no puede olvidarse de impulsar la ética. No todo vale por el desarrollo organizativo o por la satisfacción de los intereses de algunos de nuestros stakeholders: #ValuesFirst es la etiqueta del pensamiento no humanoide. Como señala Jim Collins, autor del libro Empresas que perduran, «el desafío no es construir una empresa que pueda perdurar, sino construir una que merezca perdurar».

Una decisión quizás supere el cribado de los demás pensamientos y encontremos la solución perfecta, pero nunca podremos darla por buena si no es coherente con los valores y principios de los humanos, cuya expresión se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (y de forma práctica se expresa en los ODS).

 

¿Por qué entonces lo no humanoide?

 

Para reclamar la relevancia de sostener e impulsar la soberanía de los ciudadanos.

Solo así podremos prosperar y seguir generando riqueza: desde el cuestionamiento y la comprensión para evitar la polarización, desde la creatividad y la innovación para construir nuevas respuestas que sean sostenibles y desde la ética para evitar la fragmentación social y la falta de confianza en el otro.

Este manifiesto pretende reivindicar la apuesta por la educación (sea escolar, universitaria o en la empresa), las capacidades que nos hacen humanos, el pensamiento en sus diferentes prismas: desde la conciencia o la empatía hasta la creatividad y la ética. Lo humanoide facilita nuestra vida, nuestras decisiones, agiliza los procesos, ahorra energía en la reflexión… pero no debería, nunca, sustituir la soberanía de cada ciudadano para pensar libremente, y eso empieza por aumentar la consciencia.

 

AUTORES

Carlos González

Director de Empathic Warriors y docente de posgrado en ESIC Business School

carlos.gonzález@esic.edu

 

Francisco Torreblanca

Director estratégico de Sinaia Marketing y docente de posgrado en ESIC Business School

francisco.torreblanca@esic.edu

Blog personal: www.franciscotorreblanca.es

 

Paco Lorente

Director creativo de Sinaia Marketing y docente de posgrado en ESIC Business School

paco.lorente@esic.edu

Blog personal: www.pacolorente.es


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