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ESIC reúne a 120 profesionales de la educación para repensar cómo preparar a los jóvenes para 2030
El XXI Encuentro de Centros de Enseñanza congregó en ESIC Sarrià a representantes de más de 90 centros formativos de Cataluña y de Andorra, en torno a la neurociencia del aprendizaje, las competencias de 2030 y el papel del docente ante la inteligencia artificial.
ESIC Barcelona celebró el 22 de octubre el XXI Encuentro de Centros de Enseñanza, bajo el título “Educación 2030: conectar con los jóvenes para preparar su futuro”. La jornada, que reunió a 120 asistentes en representación de más de 90 centros formativos de toda Cataluña y de Andorra, fue inaugurada por Gemma Tarragó, directora general de ESIC Cataluña, y clausurada por Ariadna Casadevall, responsable de Actividades con Centros de Enseñanza.
El programa combinó tres miradas complementarias sobre la misma pregunta. Joan Baltà, director académico y de calidad del área universitaria de ESIC Cataluña, abrió la jornada con “Del aula al futuro: la conexión constante entre empresa y educación para anticipar las necesidades del mercado laboral”. David Bueno, biólogo, genetista y experto en neuroeducación, continuó con “Cómo aprenden la Generación Z y la Generación Alpha: qué nos dice la neurociencia para educar mejor”. Y Carlos Magro, consultor especializado en innovación educativa, transformación digital, tecnología y políticas educativas, cerró el bloque de ponencias con “Competencias 2030: orientación académica y profesional”.
La jornada culminó con una mesa redonda que puso a los tres ponentes en conversación con Pilar Gobierno, jefa de estudios del Centro de Formación Profesional Superior Barcelona de ESIC Barcelona, bajo la moderación de Joan Baltà. El debate giró en torno a una idea compartida: ante la inteligencia artificial, el reto de los centros no es tanto de herramientas como de tiempo y de atención. Los participantes distinguieron entre delegar una tarea en la tecnología, algo que la educación ya hacía con el papel o la calculadora, y delegar en ella el proceso de razonamiento, que es lo que hoy está en juego en el aula.
Desde la neurociencia, David Bueno explicó por qué ese atajo resulta tan atractivo: el cerebro sigue teniendo el instinto de ahorrar energía, y pensar es precisamente aquello que más consume. La consecuencia práctica es que estimular el pensamiento no ocurre por defecto y exige condiciones explícitas. Carlos Magro lo formuló como los tres retos de la escuela: enseñar a pensar, generar el deseo de pensar y, como horizonte, generar la alegría de pensar. Ambos coincidieron en reivindicar el tiempo para detenerse, el derecho a equivocarse y el juego como vías de aprendizaje, y Bueno defendió la vía de las acciones pequeñas: cambios acotados dentro del aula que, acumulados, modifican la manera en que el alumnado vive una materia.
