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Un mural que inspira: la historia de Elijah y su huella en ESIC
Hay proyectos que transforman un espacio. Y otros que, además, dejan una emoción suspendida en el aire. El nuevo mural de la biblioteca de ESIC Business & Marketing School nace precisamente desde ahí: de la necesidad de convertir un lugar de estudio en un rincón de inspiración, imaginación y pausa.
Detrás de la obra está Elijah, alumno de ESIC y artista con una mirada profundamente personal sobre la creatividad, la vida y el proceso de construir algo con sentido. Durante años observó aquella pared imaginando lo que podía llegar a ser. Hoy, su visión forma parte del campus y acompaña silenciosamente a quienes pasan horas entre apuntes, trabajos y sueños de futuro.
Hablamos con él sobre el origen del mural, el significado de la abeja y las naranjas, el equilibrio entre arte y negocios, y todo lo que ha descubierto sobre sí mismo mientras daba forma a esta obra.
Para quien te lea por primera vez, ¿cómo te definirías tú mismo, en pocas palabras? ¿Artista, emprendedor, estudiante… o algo más?
“Artista global, campeón ocasional de artes marciales y un visionario ligeramente delirante.”
¿Qué sentiste en ese momento en que te dijeron: “Elijah, nos gustaría un mural para ESIC”?
“La verdad es que fui yo quien dio el primer paso. Durante los últimos cuatro años llevaba mirando esa pared y pensando en todo el potencial que tenía la biblioteca como espacio de inspiración e imaginación. Siempre sentí que podía convertirse en un lugar con mucha más vida, un sitio donde la gente se sintiera bienvenida, inspirada y con ganas de quedarse un rato más.
Por eso contacté con Vicente Fuerte, que ha sido un gran apoyo durante mi etapa en ESIC, y también con Agustín, quien finalmente me dio luz verde para empezar. Cuando me dijeron que podía seguir adelante, me hizo una ilusión enorme. Sentía que tenía la oportunidad de crear algo bonito y, al mismo tiempo, devolver un poco de todo lo que esta comunidad me había dado.
Para mí hay algo muy especial en la idea de dejar algo más que recuerdos en ESIC. Poder aportar algo tangible, algo que quizá siga inspirando a otras personas mucho tiempo después de haber terminado mi etapa aquí.”
Nos imaginamos al alumnado estudiando, levantando la cabeza y viendo tu obra… ¿Qué te gustaría que sintiera alguien la primera vez que lo ve?
“Sobre todo, quería que esta obra despertara curiosidad, optimismo y cierta confianza: confianza en uno mismo y en el camino que cada persona está recorriendo.
La abeja simboliza bastante bien lo que muchas veces sentimos al pasar de una etapa de la vida a otra: ese salto hacia lo desconocido, sin saber muy bien qué viene después o si todo acabará saliendo como esperamos. Pero la abeja no está sola. Está sostenida por un globo, que representa el amor y el apoyo de las personas que nos rodean.
Al estar el mural en la biblioteca, me gustaba la idea de que pudiera acompañar de forma silenciosa durante esas largas horas de estudio. Ojalá esta pieza sirva como un pequeño recordatorio para reconectar con la curiosidad, confiar un poco más en uno mismo y seguir adelante, tanto en los estudios como en la vida.”
Vamos por detrás de escena: ¿cómo fue el proceso creativo?
“El proceso creativo fue largo, impredecible y, a ratos, bastante frustrante. En total, invertí cerca de 200 horas con lápiz y papel: haciendo bocetos, explorando ideas, descartando versiones y tratando de entender qué funcionaba mejor para el espíritu y la estética de ESIC.
Al principio, el concepto giraba alrededor de las Torres de Serranos, pero algo no terminaba de encajar. A partir de ahí empecé a replantearlo todo: la abeja, las flores, la composición y prácticamente cada pequeño detalle de la obra.
El arte te enseña mucha paciencia… y bastante humildad. Aprendes a empezar de nuevo incluso después de haber invertido muchísimas horas en una idea.”
¿Hubo algún instante en que dijiste: “Ahora sí, esto está quedando perfecto”?
“Curiosamente, el diseño original tenía flores rojas y ni una sola naranja. Se lo enseñé a alguien y me dijo algo muy simple: ‘Le falta un toque valenciano’. Y tenía toda la razón.
En el momento en que incorporé las naranjas, sentí que por fin estaba acertando. De repente, la obra se sintió mucho más arraigada al lugar. Ya no era solo una pieza bonita: se sentía Valencia.”
Mirándolo ahora, ¿qué parte del mural sientes que grita ‘esto soy yo’?
“Creo que, sobre todo, la mezcla entre el arte urbano y el grafiti que conocí creciendo en Estados Unidos, y la sensibilidad más suave y tradicional de la pintura china que aprendí de mi abuela.
Mi manera de entender el arte nace precisamente de esa mezcla de dos mundos: la energía más
urbana y espontánea, y la sensibilidad más pausada y contemplativa.”
¿Cómo haces para que convivan la creatividad, los estudios y tu visión de futuro?
“A veces chocan, claro, pero creo que también se complementan muchísimo.
Siempre he visto mi lado creativo y la formación en negocios como algo que se potencia mutuamente. Por eso creé mi estudio de arte, YumYumDesigns.com, y empecé a sumergirme todo lo posible en el mundo de los negocios del arte.
Honestamente, creo que es mejor ser un empresario con sensibilidad artística que un artista que no entiende nada de negocio.”
¿Cómo te ves dentro de unos años?
“Ojalá poder convertir la creación en mi forma de vida a tiempo completo. Para mí eso significa escribir, pintar, crear arte y seguir entrenando artes marciales.
Mi vida ideal, en el fondo, es bastante sencilla: viajar por el mundo, pintar murales durante el día, escribir por la noche y entrenar por las mañanas.
Uno de mis sueños sería colaborar algún día con mi hermano y unir comida, arte e historias para crear una experiencia distinta a cualquier otra. Un lugar lleno de belleza, creatividad, cultura y comunidad.”
Una obra que ya forma parte del campus
Más allá de la pintura, este mural representa algo profundamente ligado al espíritu universitario: la búsqueda, la creatividad, el aprendizaje y la capacidad de dejar huella en los lugares que nos transforman.
La obra de Elijah ya acompaña el día a día de la biblioteca de ESIC. Y quizá ahí esté su mayor valor: en recordar, silenciosamente, que incluso en medio de los exámenes, las dudas o el cansancio, siempre hay espacio para imaginar, crear y seguir adelante.