Cómo evoluciona el compromiso empresa-directivo

CUANDO EL COMPROMISO EMPRESA-DIRECTIVO SE TERMINA TRAS 20 AÑOS

ADIOS A LOS 54: ¿QUÉ HE HECHO MAL?

La carrera profesional de una persona se puede relacionar con el ciclo de vida de un producto o industria. Si nuestro desarrollo es el esperado, tras una etapa de introducción en el mundo empresarial y la pertinente acreditación de nuestras capacidades personales y profesionales, se inicia un periodo de crecimiento que puede llevarnos a desempeñar una función directiva. Durante esta fase, se espera que el directivo aporte lo mejor de sí mismo contribuyendo al éxito de la empresa, que le exige compromiso, lealtad y muchas, muchas horas de dedicación. A cambio se le proporciona la retribución, un cierto estatus y seguridad, ya que el compromiso, aparentemente, es mutuo.

La fase de crecimiento es larga y nos permite acceder a puestos de mayor responsabilidad. Para ello, es indispensable la consecución de los objetivos de manera recurrente, la gestión óptima de los recursos que la empresa pone a nuestra disposición y, también, contar con algo de suerte para estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno. Es un largo periodo en el que convive la vida profesional con la personal, que en muchos casos supone la creación de una familia con la responsabilidad que ello conlleva. Es una época en la que con frecuencia tienes que quitarles tiempo a tu pareja e hijos para dedicárselo a la empresa, algo que se percibe como lógico y necesario, entre otros motivos, por el compromiso empresa-directivo.

El tiempo pasa rápido y, cuando quieres darte cuenta, ya has cumplido los cincuenta. Como en el ciclo de vida del producto, has llegado a la etapa de madurez, en la que el crecimiento es limitado pero la rentabilidad es máxima. Esta es la edad en la que destaca el conocimiento derivado de la experiencia y es posible que ya no nos ofrezcan nuevos ascensos, aunque, después de tanto tiempo juntos, empresa y directivo comparten la misma cultura, saben que se necesitan mutuamente y el compromiso es total. ¿Siempre es así?

A principios de diciembre, poco antes de Navidad, recibí la llamada de un gran amigo con una experiencia directiva de más de 20 años en un laboratorio farmacéutico. Quería contarme que le acababan de comunicar en una reunión fría y distante que estaba despedido. El motivo: tenía 54 años, era caro y le iban a sustituir por dos personas de menor edad, con menor coste y más posibilidades de desarrollo. Por supuesto, le iban a indemnizar con la cantidad legal, incluyendo las comisiones del año 2017, cuando su grupo había superado ampliamente los objetivos establecidos y había sido el de mayor crecimiento de ventas de la empresa. ¿Es esto compromiso?

Soy un defensor de la libertad de mercado y, entre otras cosas, intento explicar a mis alumnos la necesidad imperiosa de que la empresa sea rentable. Entiendo el cambio como algo necesario para el crecimiento y defiendo que la relación empresa-directivo debe ser rentable para ambas partes. Sin embargo, ¿qué tipo de relación queremos crear cuando el directivo es despedido por haber llegado a la madurez independientemente de sus resultados? ¿Podemos creerque el compromiso es un factor clave de la relación? ¿Deben dejar claro las empresas que el directivo será importante solo hasta que a ellas las interese? ¿Debemos pensar que estamos en una época donde las empresas buscan “mercenarios”?

Son muchas preguntas para reflexionar y seguro que tienen respuestas muy diferentes entre nosotros. En cualquier caso, adiós a los 54.

Nunca dejes de creer y ser coherente.

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