Liderazgo en la transformación digital

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Hoy es habitual decir que una de las rutinas que se ha incorporado al comenzar el día es consultar el móvil.

Nos metemos en la ducha con esa conversación interna, influida posiblemente por el mail que acabamos de leer y que alguien escribió incluso antes de dormir para provocar justo eso: que en algún momento a aquellos a los que va dirigido el correo puedan dedicarle el tiempo necesario y contestar cuando puedan, sin prisa pero sin pausa; es la esclavitud de la vida online.

Las TIC han ido cambiando rutinas y hábitos transformando, además de nuestro estilo de vida, la manera en la que gestionamos nuestras relaciones personales y profesionales. Podemos encontrar ríos de tinta sobre lo que es la transformación digital y lo que está suponiendo a nivel de oportunidades, aumento de innovación, inclusión y globalización de los mercados laborales.

Hablamos de nuevas habilidades relacionadas con destreza digital, educación digital, con lo que es ser un e-leader. Es aquí, en el papel que desempeña el líder en este nuevo entorno, donde quiero compartir mis reflexiones y experiencias encontradas.

Este abanico de posibilidades que ofrece el entorno digital permite a los líderes tener equipos en diferentes lugares y trabajando en momentos distintos; esta dispersión temporal además de física se hace plana y corta gracias a las TIC. Sin duda, la tecnología nos provee de herramientas que facilitan la preparación, la ejecución y el control de los procesos, favoreciendo la agilidad en la implementación de proyectos. En este mundo de tan fácil acceso a la información, el valor diferenciador está en los detalles, y el líder o el gestor del equipo de personas es el encargado de cuidarlos: debe ser capaz de considerar y tener en cuenta el sentir de los integrantes del equipo a la hora de acompañarlos, salvando distancias y momentos diferentes a través de un liderazgo virtual.

Cómo cuida el líder esos “detalles”, las emociones y las sensaciones que viven sus colaboradores, en el día a día es lo que marca la diferencia.

Me sigue inquietando la torpeza que mostramos ante las emociones de otros en el trabajo. En ocasiones me tropiezo con líderes (gestores de personas) para los cuales hablar de emoción es casi una innovación. Me encuentro frases espeluznantes del tipo: “tienen que venir motivados de casa” o “si yo motivado vengo; con que mi jefe no me desmotive…”, por poner algunos ejemplos.

Me estoy refiriendo a que si la tecnología como herramienta me facilita la comunicación, yo animo a que hablemos de “comunicación con calidad”, y en este caso me refiero a considerar los detalles, esto es, la emoción del otro, cómo le está impactando eso que tiene que hacer o está realizando, sin pasar “de puntillas” por ello en el mejor de los casos, porque en otros directamente se pone el foco en la tarea y el objetivo para después hablar de compromiso y orgullo de pertenencia.

La relación virtual con los miembros del equipo, requiere ser aún más cuidadoso, si cabe, con cada detalle. ¿Has participado en alguna reunión donde algunos estaban físicamente en una sala y otros conectados por móvil? Lo que ocurre al final es que hablan los que están en la sala, mientras que los conectados están con el mute haciendo otras cosas (si se acuerdan del mute, claro), y acaba la reunión sin saber muy bien por qué estábamos convocados. Sobre el cómo y qué pasa en las reuniones virtuales, daría para otro artículo.

¿Cómo dar un buen feedback, mantener una conversación valiente o hacer una entrevista de evaluación del desempeño de manera virtual?

La respuesta a esta pregunta en ocasiones es que se evita hacerlo o se busca la ocasión del momento persona a persona; en el caso de atreverse a hacerlo, al final se pasa del hecho a la acción y se saltan las emociones, no vaya ser que se entre en ese terreno donde lo subjetivo no cabe en un Excel y nos incomoda; sin embargo, esa es la llave que consigue comprometer y hacer a los colaboradores sentirse parte de un equipo.

Por lo tanto, para acabar este artículo, animo a todos los líderes que tienen que gestionar equipos a distancia a que refresquen aún más los conocimientos básicos de lo que es gestionar y desarrollar personas: la preparación es el 80% del éxito. Debemos ser conscientes de la obnosis (obviar lo obvio) que sufrimos en todo lo relacionado con los colaboradores, porque no hay atajos en la gestión de personas: hay que prestar más atención a los detalles para, al final, incorporar el hábito de decir “¿cómo estás?” antes de añadir “¿cómo va este tema?”. A largo plazo, este comportamiento nos hará más felices a todos y ya sabemos que estar más contentos nos lleva a ser más eficaces.

La emoción es intrínseca a la persona, que no puede no sentir. Todo lo que hacemos provoca una sensación en el otro, aunque el medio hoy sea virtual; quien está al otro lado es una persona que inevitablemente se emociona. Esa siempre será nuestra idiosincrasia por ser humanos.

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