La popularidad de la formación profesional en los últimos años ha crecido drásticamente. De hecho, en los últimos cinco años las matrículas en este tipo de estudios han crecido más de un 43% en un campo en el que, según datos del Ministerio de Educación, el 68,9% (679.109 alumnos y alumnas) estudia estas enseñanzas en un centro público, mientras que el 31,1% restante (306.322 estudiantes) lo hace en uno privado.
Concretamente, estos perfiles desempeñan un papel fundamental en el sector marítimo gestionando la carga y el abastecimiento de las embarcaciones. Su labor abarca una amplia gama de responsabilidades que van desde la coordinación logística hasta el cumplimiento de las regulaciones portuarias.
Cuando se trata de acceder a cualquier tipo de estudios, normalmente nos encontramos con el término notas de corte, que en muchas ocasiones se convierte en una auténtica pesadilla para numerosos alumnos aspirantes. Y es que estas cifras desempeñan un papel crucial en el proceso de admisión a los diferentes programas, incluidos los de formación profesional (FP), aunque no siempre queda claro qué son y cómo se calculan.
Las prácticas de formación profesional (FP) desempeñan un papel crucial en la transición de los estudiantes al mundo laboral, ya que les ofrece la oportunidad de aplicar sus conocimientos teóricos en entornos reales. Sin embargo, una pregunta que suele surgir es si estas prácticas son remuneradas o no. La respuesta a esta interrogante varía según el país, el sector y las políticas de las empresas, generando un debate continuo sobre la equidad y el valor de estas experiencias formativas.