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El blockchain al servicio de la sostenibilidad

Tecnología | Artículo
  • Visitas
    558
  • Marzo 2022
  • Fecha de publicación
  • Marzo 2022
  • Tecnología
  • Artículo
  • Autor
  • Fernando García Monleón
  • Coordinador del Departamento de Economía y Finanzas, profesor e Investigador de ESIC University.

La tecnología blockchain hace su aparición en 2009 de la mano de Satoshi Nakamoto (pseudónimo, dado que nadie conoce su verdadera identidad), creador del bitcoin, como una reacción de la sociedad ante la pérdida de confianza en las instituciones financieras tradicionales que condujeron la economía mundial a la crisis de 2007. 

Inicialmente, la tecnología blockchain se gesta dentro del movimiento reaccionario ciberpunk y su finalidad era esencialmente la protesta social y el ofrecimiento de una alternativa al sistema financiero. No es hasta bien entrado 2010 cuando se intercambia un bitcoin por algo perteneciente al mundo real, una pizza para ser más exactos, por la que se pagaron en su momento 10.000 bitcoines. Hoy día esa pizza valdría más de 300 millones dólares. 

En torno a 2013 el bitcoin y por ende el blockchain comienzan a tener cierta relevancia económica como consecuencia de la aparición de Silkroad, un site de comercio electrónico dotado de la particularidad de que prácticamente todo lo que se vendía en él se encontraba al margen de la ley. Una vez más, lo que motiva la expansión de esta tecnología es que se trata de un movimiento social de huida del control institucional. 

En 2017, la tecnología blockchain, con cerca de 4.000 criptomonedas diferentes en ese momento, alcanza un valor de capitalización de cerca de 700.000 millones de euros. Hasta ese momento, las criptomonedas se habían asociado a fraude, lavado de dinero y grandes estafas, pero la adopción masiva de su uso las hace salir del terreno de las sombras más oscuras de la red, lo que permite ver su verdadero potencial para una multitud de usos alternativos como la trazabilidad de activos, los contratos inteligentes o la sostenibilidad, y es aquí donde vamos a entretenernos un momento, en el papel del blockchain en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

En un informe de PwC de 2015, se pone de manifiesto que cerca de 2.000 millones de personas se encuentran excluidas del sistema financiero tradicional con todo lo que ello implica. La mitad de las personas excluidas lo está por no disponer de una entidad financiera cerca de sus lugares de residencia; la otra mitad, por no tener acceso a un documento de identificación personal, requisito necesario para poder acceder a tener una cuenta bancaria. Es en este punto donde el blockchain tiene la clave para reducir la exclusión financiera, ya que, para poder acceder a una cuenta dentro de una red de blockchain, solo es necesario tener acceso a Internet, nada más. 

El blockchain y sus activos nativos, las criptomonedas, ya han sido utilizados con éxito en la incentivación de conductas socialmente deseables. En Brasil ya se han completado con éxito varios proyectos piloto en los que se utilizaba la recompensa mediante criptoactivos a las personas que reciclaban sus residuos domésticos. 

La tercera historia de sostenibilidad, más que protagonizada por el blockchain, pivota sobre cómo la evolución social en el uso de esta tecnología ha contribuido a su sostenibilidad energética. Sin entrar en detalles técnicos, más o menos todos hemos oído en un momento u otro que el funcionamiento del blockchain requiere de unos ordenadores enormemente potentes que tienen un consumo eléctrico desorbitado. Para que podamos hacernos una idea de lo que estamos hablando, tan solo la red bitcoin ya consume más electricidad que toda Austria. Huelga decir que, pese a todas las ventajas que esta tecnología pueda ofrecer, en un entorno donde la lucha contra el cambio climático se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de las sociedades avanzadas, esto es un problema. Es en este punto donde la adopción generalizada de esta tecnología ha dado lugar a que los movimientos sociales hayan presionado para que los mecanismos de consenso que son la base del blockchain y de su inalterabilidad pasen del mecanismo de proof of work (PoW) a proof of stake (PoS), lo cual implica una reducción del consumo eléctrico y de la consiguiente huella de carbono de más del 99%. 

Estos son tres ejemplos de cómo una tecnología que en su momento nació para un propósito muy diferenteel de la defensa de la sociedad civil de los excesos del poder financiero—, por evolución y demanda social, ha acabado sirviendo igualmente a la sociedad, solo que en la lucha por la sostenibilidad. 

 

  • Fecha de publicación
  • Marzo 2022
  • Tecnología
  • Artículo
  • Autor
  • Fernando García Monleón
  • Coordinador del Departamento de Economía y Finanzas, profesor e Investigador de ESIC University.


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