¿La moneda digital es una moda o ha venido para quedarse?

En noviembre de 2017 escribía mi primer post sobre criptomonedas: “Las criptomonedas también tienen dos caras”

Ya entonces apuntaba a que este nuevo fenómeno presentaba su legítima candidatura como medio de pago en forma de dinero digital, aunque con muy serias dudas sobre sus capacidades actuales para convertirse en unidad de cuenta y depósito de valor.

Hoy, seis meses después, me reafirmo en este planteamiento.

Bien es cierto que en este corto pero intenso periodo hemos seguido haciéndonos preguntas, planteándonos escenarios sobre el futuro de este mercado, debatiendo y aprendiendo sobre blockchain, la tecnología que los sustenta; pero no lo es menos que también hemos asistido a importantes acontecimientos que vamos a analizar a continuación.

El mercado de criptodivisas se ha comportado de una manera errática, disparando su capitalización (1) a finales de 2017, alcanzado máximos en los principios de 2018, rozando los 700 mil millones de euros, para corregirse más de un 50% a la baja apenas tres meses después.

Y en ese viaje nos ha enseñado que tiene una volatilidad que multiplica por ocho y diez veces la de activos como el oro o el dólar y que aparentemente no guarda ninguna correlación (2) con los mercados financieros tradicionales como la renta variable, fija, las divisas o, incluso, las commodities.

Además, es un mercado estrecho, pues en promedio, dos tercios lo dominan tan solo cuatro referencias: el bitcóin, que sigue siendo el rey, pero cada vez menos (algo más del 40%), el ethereum, que va ganando posiciones (15%), el ripple (8%) y el fork (3) de bitcóin, el bitcóin cash (4%).

Paralelamente se está empezando a desarrollar un nuevo fenómeno, en mi opinión de mucho más calado que las criptodivisas y del que también nos hemos ocupado en este blog: las Initial Coin Offering (ICO).

Las ICO permiten trascender el término criptodivisa y sustituirlo por uno más amplio y de mucho más calado: hablamos de criptoactivos y de una ventana hacia la “tokenizacion” de una parte de la economía.

Al compás del mercado de las criptomonedas, el de las ICO se disparó en 2017 y alcanzó un volumen mundial próximo a los 4.000 millones de dólares (4), que, para que se hagan una idea de la magnitud, es el doble de la cifra que la industria de capital riesgo consiguió recaudar entre los inversores, en ese mismo periodo, para financiar proyectos asociados a blockchain.

Y si se están preguntando si en España tenemos mercado de ICO, la respuesta es sí, y muy incipiente, con grandes e interesantes operaciones anunciadas para este 2018: una de ellas puesta en marcha por una compañía de alimentación que cotiza en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB).

Lógicamente estos movimientos no podían pasar inadvertidos para los reguladores y las instituciones multilaterales que, al menos sobre el papel, vigilan y aseguran la estabilidad de los sistemas financieros mundiales.

Algunos ejemplos:

  • El Banco Central Europeo redefinió su posición de 2012 sobre las criptomonedas y en un estudio publicado en 2015 (5) comenzó a considerarlas como “una representación digital de valor, no emitida por un banco central, una entidad de crédito o una institución de dinero electrónico, que, en algunas circunstancias, puede ser utilizada como una alternativa al dinero”.
  • El foro económico G20, en su cumbre de Argentina celebrada en marzo de este año, anunció en una parte de su comunicado conjunto tras la reunión: “Pedimos a los organismos que establecen los estándares internacionales que continúen con la supervisión de las criptomonedas y sus riesgos, y evalúen las acciones multilaterales necesarias”.
  • El Fondo Monetario Internacional (FMI) y su directora, Christine Lagarde, se han pronunciado en repetidas ocasiones sobre la conveniencia de contar con una regulación para las criptomonedas; la última ha sido en un post escrito por ella misma, en el que expresa la necesidad de desarrollar marcos regulatorios para enfrentar los retos que se derivan de estos activos.
  • En febrero de 2018 la Comisión Europea mostraba su disposición a actuar de forma autónoma con el fin de hacer frente a los riesgos de las criptodivisas para los mercados financieros si no se abordaban de forma internacional, aunque ha instado a esperar el resultado de los debates a nivel global, y apenas dos meses después la Eurocámara aprobaba una serie de medidas para combatir el anonimato en el mercado de las criptodivisas.
  • Y en España en febrero de 2018, en mi opinión bajo presión por lo que habían hecho sus homólogos europeos, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España decidieron por fin pronunciarse sobre este fenómeno y sus posibles operativas en el mercado, y lo hicieron a través de dos comunicados conjuntos en los que señalan que las criptomonedas no son dinero fiat, entendido este como dinero de curso legal, y por tanto no son dinero propiamente dicho, aunque pueden ser consideradas un medio de pago.

A la vista de estos acontecimientos y con estos datos, mi opinión es rotunda: las criptomonedas o, mejor dicho, los criptoactivos tienen mucho recorrido, y en el siguiente post trataré de explicarles mi visión de futuro sobre ellos.

“Data always beat opinions” es un adagio que suelen utilizar los analistas y que me sirve para cerrar este post.

 

 

(1) capitalización: unidades emitidas por cotización en el mercado
(2) correlación: medida de asociación entre variables.
(3) fork: bifurcación
(4) fuente Ernst & Young (2017) ICO Research
(5) fuente: ECB. (2015) Virtual currency schemes

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