¿Es el sector fintech español una alternativa real a la banca?

Una de las conclusiones que podemos extraer del informe “Comparativa de la oferta de la banca vs. Fintech”, publicado este verano por KPMG y Funcas, es que en apenas cinco años el sector fintech ha crecido en España, tanto en número de operadores —ya son más de 300 compañías las que pueblan el mapa fintech español— como en la oferta de productos y servicios complementarios a los bancarios tradicionales.

Un análisis de las distintas estrategias verticales en las que se estructura este ecosistema nos permite distinguir que su oferta de productos y servicios, a diferencia de la de la banca tradicional, se dirige por regla general a un solo segmento de clientes, ya sea banca personal o privada, ya sea banca de empresas.

En el primero, la banca personal y privada, aparece una interesante variedad de préstamos al consumo y fondos de inversión, y es nula o muy escasa la oferta de productos básicos de atención a este segmento como son hipotecas, cuentas y depósitos.

El panorama en el segmento de empresas, referido a pequeñas y medianas, tiene mejor aspecto no solo por el número de jugadores que siguen llegando, sino por como lo están haciendo: ampliando la oferta de valor en producto y servicio fundamentalmente en dos tipos de soluciones.

Por un lado, están las de financiación, donde el sector ha dado un paso adelante tanto en porfolio de producto como en estructura de su oferta. Y es que las empresas españolas han visto como se ha pasado de optar solamente a financiación de circulante, con plazos máximos de amortización de 18-24 meses, a observar plataformas de crowdlending que ya ofrecen subastas de financiación estructural para reforzar el fondo de maniobra o las inversiones con plazos de entre tres y cinco años.

En el catálogo de productos se han empezado a incorporar instrumentos como el descuento de facturas, pagarés, el factoring y en los últimos tiempos el confirming®, un instrumento financiero a través del que se gestionan buena parte de los cobros y pagos de la economía base en España.

Adicionalmente, en el campo de las operaciones internacionales —hasta ahora un terreno exclusivo de las instituciones financieras tradicionales—, los importadores y exportadores españoles tienen a su alcance una eficiente oferta para sus transacciones exteriores (cobros y pagos), la gestión de sus riesgos en divisa y también, aunque de manera incipiente, para la financiación de sus importaciones.

No es menos cierto que, aunque el avance tanto cuantitativo como cualitativo descrito ha sido muy relevante, las cifras globales alcanzadas por el sector en relación con el total del sistema financiero son poco significativas. Así lo exhibe el último informe sobre “La industria de las finanzas alternativas en Europa” publicado por la Universidad de Cambridge.

Otro hecho que debemos tener en cuenta es la barrera de entrada que, todavía hoy en día, tienen este tipo de productos y servicios alternativos en el mundo de las pymes, al que, en mi opinión, le pesanaún los legítimos prejuicios ante lo que no se conoce bien.

No es la primera vez, ni será la última, que abordamos en este blog la transformación digital del sector financiero, los inesperados y profundos cambios de sus reglas de juego y de mercado, que han sido el verdadero origen de estos protagonistas nuevos y disruptivos.

En las aulas de 2013, mis alumnos y yo descubríamos juntos el fintech, y por aquel entonces nos referíamos a él como “un sector del futuro”.  Hoy, en esas mismas aulas, analizamos soluciones verticales sectoriales, modelos de negocio, valor de diferentes compañías… estudiamos juntos un sector que, sin duda, tiene mucho camino por recorrer, pero ya es presente y se ha convertido en una firme alternativa para las finanzas empresariales.

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