La recuperación del crédito en España: más sombras que luces

A lo largo de los dos últimos meses hemos recordado, desde muchos ámbitos y diferentes puntos de vista, el décimo aniversario de la gran crisis financiera cuyo estallido, a efectos prácticos, situamos en septiembre de 2008 con la caída del banco norteamericano Lehman Brothers.

A partir de ese momento, el crédito, una materia prima hasta entonces barata, abundante, por momentos exuberante, palanca de crecimiento de la actividad económica, se convierte en escasa y cara.

En el transcurso de estos diez años hemos visto como dos de los bancos centrales más relevantes del sistema financiero internacional aplicaron, aunque con diferente ritmo, una política monetaria no convencional y expansiva sin precedentes; ambos prescribieron la misma medicina para tratar de cerrar la enorme herida abierta por esta crisis del crédito.

La FED comenzó en 2008 con la denominada quantitative easing, y en nuestro entorno más cercano el BCE, esa intuición a la que los países miembros de la UME hemos cedido la soberanía monetaria, lo hizo allá por 2014 con un programa de compras masivas de títulos de renta fija que engrosaban el activo del balance de los bancos europeos.

El objetivo de estas adquisiciones era actuar directamente sobre los tipos de interés, reduciéndolos por incrementos de la demanda de títulos, al tiempo que inyectaban liquidez en los balances en los bancos para que estos la revirtieran vía préstamos más asequibles para las empresas a la economía real, incentivando así la inversión y el consumo.

En el plano teórico, esta expansión monetaria planteaba una estrategia ortodoxa y acorde con sus fines: que el crédito volviera a fluir, pero en la práctica, y sin entrar a valorar aquí el incremento colateral de base monetaria generado, los resultados no han sido los esperados.

Si nos centramos en los datos de la economía española, el último Informe de Estabilidad Financiera del BdE refleja una caída acumulada de saldo vivo del crédito al sector privado de 677.000 millones de euros: diez años de descenso continuado del stock de crédito, lo que representa una corrección de más de la tercera parte del saldo máximo alcanzado en diciembre de 2008, concretamente un 37%.

Si segmentamos estas cifras, la variación del crédito a empresas ofrece resultados muy dispares en función del sector y el tamaño de las compañías que analicemos.

Así, las del sector de la construcción y el inmobiliario han visto que su tasa de variación de crédito interanual (en el último año observado) descendió un 15%. Una caída muy diferente de apenas 1% de variación del crédito han sufrido las empresas con actividades ajenas al “ladrillo” que, además y como destaca el propio BdE, estabilizan su variación en tasas cercanas al 0% desde 2014.

Por tamaños, dada la concentración de pymes en el sector más afectado por la variación del crédito – la construcción y el inmobiliario -, son precisamente estas compañías de dimensiones reducidas las que salen peor paradas, con una variación negativa del 7% que dobla la de las grandes empresas, que solo cae un 3% interanual.

Las cifras del nuevo crédito aportan un crecimiento interanual de un 14%, que es un buen dato, pero aun así insuficiente para recuperar el terreno perdido, ya que el crédito total nuevo introducido en el sistema apenas representa el 18% sobre el stock de crédito existente.

Más relevante aún parece el dato que aporta la tasa de aceptación de solicitudes de crédito que, medida sobre entidades financieras con las que las empresas solicitantes no están operando, se sitúa en el entorno del 30% y sigue así desde 2009.

Es decir, que aproximadamente un 70% de las solicitudes de crédito presentadas son rechazadas por las entidades financieras, dando así carta de naturaleza a su repetido argumento de “falta de demanda solvente” en el mercado.

Este indicador que nos ofrece el BdE choca con la percepción más optimista que ambas partes expresan cuando se les requiere, y así lo exhiben sendas encuestas, que se han publicado con apenas un mes de diferencia.

La primera, de junio de este año, es la encuesta sobre el acceso a la financiación de empresas de la zona euro que realiza el BCE desde 2009 y en cuyos resultados (ver aquí nota de prensa con los resultados) destaca que las pymes continuaron señalando, en relación con la encuesta anterior (abril-septiembre 2017), mejoras en la disponibilidad de fuentes de financiación externa, fundamentalmente por el aumento en la disponibilidad de los préstamos bancarios, y el porcentaje más elevado de respuestas (24%) corresponde a España.

La segunda, de julio de 2018 y también a cargo del BCE, es la encuesta sobre préstamos bancarios de la zona euro que se realiza cuatrimestralmente entre casi 150 entidades financieras del eurosistema y de cuyos resultados destaca que los criterios de aprobación de los préstamos concedidos a empresas se relajaron, en términos netos, en el segundo trimestre de 2018.

La economía ha mejorado en estos últimos años, aunque con evidentes síntomas de ralentización. La presión ejercida por los nuevos protagonistas como el sector fintech del que ya hemos hablado aquí, sin olvidar la ya existente entre las propias entidades y algunos de los datos positivos que se han aportado, apuntan sin duda al camino de la recuperación del crédito en España.

Aun así, hoy por hoy, son luces demasiado tenues para tanta oscuridad.

 

Abreviaturas:

FED: Reserva Federal de EE.UU

BCE: Banco Central Europeo

BdE: Banco de España

UME: Unión Monetaria Europea

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